Lo reconozco y me duelo por ello. La otra noche cometí una "penosa negligencia", también yo. Para arrojar luz sobre un debate en el foro de Semana Santa publiqué un documento del archivo de
miércoles, 28 de marzo de 2007
Mea culpa
lunes, 26 de marzo de 2007
Mira cómo gana la Selección
2-1 también ahora, en el escenario del único triunfo y con el rival de la primera vez. Si la del 64 es la España de la alineación de memoria aprendida de mi padre, la que con veneración recito de carrerilla, y la del 20 la legendaria de la Furia que a todos nos enorgullece, cuando los futbolistas eran mocetones sin Mercedes y sin apartamento en Miami, la del 24 de marzo de 2007 ha sido la Selección de mis amigos. Sí, impresionante el estadio, sobrecogedor el ambiente, atronadora la afición, hermosos nuestros goles (nada que ver con el pésimo juego), pero... mis amigos. La buena gente de la Vera Cruz: Jorge, enfermo el pobre, pero "a rastras" hubiese ido; Raquel, cámara en ristre captando cada detalle; Rubén, mi compañero de fatigas en el curioso hobby de diseñar Semanas Santas; Álvaro, que no estuvo, pero con la visita de su padre le sentimos cerca. También los de siempre, los de cada miércoles: Fer y Omar, y cómo no Rubén, con el que me retraté presumiendo de colchoneros en el santuario merengue. Filas arriba, lejos del campo, y aunque no les vi, supe próximos a los médicos Juan, Manu, Juancar y Nacho, tremolando la bandera de nuestras andanzas por Centroeuropa, donde habremos de volver dentro de dos veranos y allí poder cantar un nuevo gol de Marcelino y aprender una alineación triunfante que enseñar a nuestros hijos.
sábado, 24 de marzo de 2007
Jesús de Teresa
Los Carmelos de mediado el siglo XVI nada tenían que ver con la vieja regla. La "doña" Teresa de Ahumada en poco se parecía a las otras "doñas", vacías del Amado y llenas de vanos amores, de chismes que fluían entre la amurallada Ávila y el Convento de la Encarnación. La vieja Castilla abierta al Nuevo Mundo se encendía en la hoguera, oficio del poco santo Santo Oficio. Hoguera de vanidades y de miedos era el claustro, llama de amor viva la celda de Teresa extasiada y derretida.del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
jueves, 22 de marzo de 2007
El hombre que susurraba a las petunias
Tengo a un buen amigo a 3,2 ºC bajo cero susurrándole a las petunias que "hace un frío...". Esta noche no cumpliremos tampoco el pacto de las 00:30 y me dormiré pensando en el hombre que susurraba a las alegrías las amarguras de la Semana Santa, que revisa la maquinaria imperfecta de un invernadero donde baja la temperatura décima a décima, que con sus "hola a todos" aumenta la del foro bombilla a bombilla, como las de Edison y su esquina de largas despedidas, que hasta le dedican "escritos en la piel" y se deja la piel lo que no está en los escritos...miércoles, 21 de marzo de 2007
Insomnio
lunes, 12 de marzo de 2007
Siempre estaba apagada

La televisión de la cafetería de la facultad sólo se enciende para que profesores y alumnos podamos asistir a alguna competición deportiva que se dispute por la mañana, como la Copa Intercontinental que le ganó el Boca de Riquelme al Madrid. Aquella mañana de marzo, extrañamente, se encendió...
Cito a Asclepio: El último rincón que descubrimos de nuestro nuevo “hogar” es la cafetería de Abundio. En sus mesas hemos tenido las conversaciones más vacías y las más profundas sobre todos los temas imaginables. Lamentablemente, allí, unos años después –y no recuerdo porqué aquella mañana estábamos casi todos- habríamos de vivir en directo la tragedia del 11-M, que ¿recuerdas? te paralizó en la plática, convirtiéndonos a todos, como a la mujer de Lot, en estatuas de sal mientras volvíamos la cabeza hacia nuestro pueblo en llamas. Pero, volvería a amanecer…
Aquella noche papá había estado de guardia y fui caminando a clase. Por eso llevaba la radio, y hasta las ocho menos cinco había estado escuchándola, antes de entrar al aula, cuando aún no se sabía nada de lo acontecido en Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, esa célebre estación y las otras dos más anónimas que ya no se nos olvidarán en la vida. Las cifras de muertos crecían por momentos, y yo me convertí en triste portador de las malas nuevas, entre las dudas y la incomprensión que a todos nos invadía. ¿Por qué? Pronto decidimos que mejor era no buscar razones a lo irracional, que nada podía explicar aquella masacre que iba contra todos nosotros. Como dice Raquel, "192 maneras de vivir y una de morir". Todavía tuve tiempo de acercarme con Manu y Jorge a prácticas, al hospital alertado para recibir a alguno de los miles de heridos; de llegar hasta la Plaza en una concentración espontánea y sobrecogedora; de sentarme con unos y otras a dar vueltas al asunto y caer en la cuenta de que el domingo había elecciones generales... Ojalá no se hubiese encendido la televisión aquella mañana de marzo, cuando todo cambió para mal, cuando germinó la discordia... y sigue creciendo sin que nadie parezca hacer algo por detener su avance. Juicios, sumarios, declaraciones, pruebas falsas, confidentes, manifestaciones, comunicados, comandos, células islamistas, furgonetas de la muerte, TEDAX, mochilas, corredor del Henares, titadine, fiscales, asociaciones, trama asturiana, conexiones, comparecencias, comisiones, testigos protegidos, abogados, goma 2 eco, imputados, pisos de Leganés... ¿Por qué tuvo que encenderse?
martes, 6 de marzo de 2007
Pregonando
I PREGÓN DE LA
JUVENTUD COFRADE
Salamanca, 1 de abril de 2006
Hubo una vez un joven que siguió a Jesús cuando más peligroso era hacerlo, cuando le había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y nos amó hasta el extremo de dar la vida por nosotros.
El joven se encuentra con Jesús en la oración del huerto.
Desconcertado por su aparente debilidad y admirado por su entregada oración, le ve venir envuelto en una marea verde y blanca, sobre las aguas terrosas de Getsemaní. Las rodillas contra el suelo. La sangre confundida con el sudor y con las lágrimas. La vigilia de un hombre y el sueño de muchos.
El joven, todavía impresionado por la angustia de Jesús, pronto tuvo respuesta a sus preguntas. En apenas unos minutos, el galileo estaba encadenado y abandonado por los suyos. Un impulso irrefrenable empujó al joven a dejar su escondite y seguir de cerca la comitiva, armada con espadas y palos para custodiar al más pacífico de los prisioneros. Parece que él también les resultó peligroso: “Lo atraparon, pero él, soltando la sábana, escapó desnudo”.
El joven se encuentra con Jesús en la flagelación.
Ha quedado con unos amigos para dar una vuelta y les ha pillado la procesión en la Plaza de las Agustinas. Los capirotes azules de la Vera Cruz se confunden con el cielo despejado de una preciosa tarde de primavera. Los niños devoran barquillos, algunos grupos atraviesan la hilera de cofrades y las abuelas hacen comentarios de desaprobación pero nadie les hace caso. El joven ve que sus amigos pretenden incrementar el mosqueo de las abuelas, pero decide permanecer quieto, en su tercera fila, mientras se aproxima el paso del culo colorao, el mismo que de niño era su preferido cada Viernes Santo, cuando no tenía que pagarse los barquillos, o incluso hace un par de años, cuando pagaba sus barquillos y los de la novia.
Era maltratado, y no se resistía ni abría su boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante sus esquiladores, no abría la boca.
Jesús se lo dice todo con la mirada tierna y el silencio elocuente. Le deja claro que no ha de avergonzarse de sus preguntas ante aquella escena de una tortura moldeada en la madera que se abre paso entre abuelas indignadas y migas de barquillos por el suelo. Le invita a ir en busca de sus amigos y traerlos junto al paso, y entonces contarles la buena noticia de que Cristo vive hoy entre nosotros y nos está diciendo que no pasemos de largo ante Él. Es decir, ante todo aquel que necesita que tú, que yo, le miremos y sin decirle nada, se lo digamos todo. Ante todo aquel que nos pide a gritos sin abrir la boca que le liberemos de la esclavitud de su columna y pueda abrazarse con nosotros a la libertad de la cruz.
Todos nosotros, como ovejas, andábamos errantes, cada cual siguiendo su propio camino. Y el Señor ha hecho recaer sobre él la perversidad de todos nosotros.
Tomás preguntó: “Señor, ¿cómo vamos a seguirte si no sabemos adónde vas?”. Y Jesús respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
El joven no se explicaba la sucesión de los acontecimientos: el sufrimiento del huerto, la sangre de los azotes, y Pilato mostrando a la muchedumbre a un Jesús desfigurado, buscando quizá conmoverla y salvar la vida de aquel pobre hombre.
Despreciado, desecho de la humanidad, hombre de dolores.
He aquí el hombre.
Mezclado con la turba, el joven se sentía pequeño, desarmado de razones, desbordado por la realidad de los hechos. Era reo de muerte el que resucitaba a los muertos. Era carne de cruz y todos, casi todos, aclamaban la condena.
El joven se encuentra con Jesús en su presentación al pueblo.
Contempla el Santo Entierro desde un balcón de la calle Libreros, un primer piso, a la derecha las Escuelas mayores y las menores, a la izquierda la Pontificia. Suele ver la procesión grande en la Compañía, que está muy bien, desde luego, pero este año se la deja a los pregoneros de la Semana Santa y se presenta en el piso de sus tíos, que hay que aprovecharlo al menos una tarde al año. La altura le obsequia con una perspectiva muy particular que le sobrecoge hasta encogerle cuando transita ante el moderno balcón de sus tíos un balcón del siglo XVIII, el balcón de Pilato convertido en humilladero de un hombre que dice ser Dios. Jesús sufriendo el dolor del hombre y sobreviviendo por el amor de Dios. Esto no lo había visto tan claro en la Compañía. Esto no lo había aprendido de los más nombrados catedráticos en las aulas que llenan Salamanca a uno y otro lado del balcón. Esto no se lo ha desvelado ningún ensayo de laboratorio ni lo ha descubierto en ningún archivo.
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra era Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
Esto se lo está confesando el mismo Cristo que descubre abajo, en la calle, entre los hombres, en la lección magistral del amor de Dios derramado desde el principio de los tiempos hasta el examen final cuya única pregunta ya conocemos.
¿Has amado?
Y entonces el examinando no habrá de responder, sino mostrar sus manos vacías y el corazón lleno de nombres.
Una vez que Cristo fue sentenciado, el joven de la sábana quiso alejarse de la multitud, salió de la ciudad por una de sus puertas y comenzó a dar vueltas intentando hallar una explicación a lo sucedido. No lo logró. No comprendió la sangre, los golpes, los insultos… No entendió nada hasta que, como quien no quiere la cosa, los pies le llevaron al camino que conducía al llamado Monte de la Calavera. Fue allí, en el sendero del Gólgota, cuando obtuvo la respuesta.
El joven se encuentra con Jesús con la cruz a cuestas.
La joven está frente a la rana y lo que la rodea. Buen plan, una escapada en Semana Santa para visitar ciudades: el jueves, Toledo; el viernes, Salamanca; mañana, Ávila… Trabaja en una oficina que no cierra en Semana Santa, pero este año ha surgido la oportunidad de alejarse unos días de los atascos y aquí está, en pleno Patio de Escuelas, prestando atención a una procesión de esas que no es fácil encontrarse en la gran ciudad. La religión no le quita el sueño, desde luego, pero de vez en cuando reza, y si se casa algún día, será de blanco y por la Iglesia, no faltaba más. Lo cierto es que le conmueve este paso que transita delante de la Universidad, es una imagen de Cristo con la túnica morada, la cruz sobre el hombro derecho y la mirada mansa, casi sonriente. Otro Jesús fue certero en sus palabras: “Las manos no agarran la cruz, la abrazan, apenas sus dedos sí la tocan, pero lo hacen con delicadeza, con cariño, con suavidad, como sólo las manos de un carpintero saben agarrar la madera”. La joven escucha voces femeninas envueltas en el redoble de los tambores y el murmullo del público, que se animan en el esfuerzo de llevar sobre los hombros al Cristo que en el hombro derecho soporta el peso de la Historia. La joven se pregunta por qué no puede ser ella una de esas mujeres que se unen al camino doloroso de Jesús, qué hay de convencido en sus plegarias, qué hay de profundo en sus inquietudes…
¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?
La joven se responde que hay mucha verdad en aquel monte de rojos claveles, de racimos triturados, hechos vino nuevo para los odres nuevos que va esparciendo el Nazareno en su paseo doliente y triunfante por las calles de Salamanca. La joven vuelve al estrés, a las prisas y a los tubos de escape reconfortada por el hombre de la cruz a cuestas, reencontrada a sí misma en las mujeres que le acompañan al atardecer y seducida por el Dios de sus sencillas oraciones.
¿De dónde, con pies sangrantes, avanzas tú, Lagarero?
Del monte de la batalla y de la victoria vengo;
rojo fue mi atardecer, blanco será mi lucero.
El joven no pudo alejarse otra vez de Jesús, que a duras penas aguantaba la cruz, atosigado por los soldados y afrentado por los que no hacía mucho le pedían milagros y le aclamaban como el Mesías esperado por el pueblo.
El joven se encuentra con Jesús en la caída.
El joven se pregunta por qué este año ha venido a ver la procesión de los catorce pasos, esa en la que nunca salen las cuentas de pasos, precisamente a la calle “matacanónigos”, que sin ser canónigo el viento frío también hace estragos en uno, mucho más después de salir de capuchón en un par de procesiones. Chirrían las maderas de La Caída tras la bajada de Calderón de la Barca y una vez trazada la curva de la Catedral de aquella manera tan espectacular en que trazan las curvas las carrozas de ruedas de la Vera Cruz. Sí, he dicho carrozas.
No había Papa ni encíclicas todavía cuando el joven se dio de bruces contra la muerte. Era el mediodía, más o menos. Jesús y los dos ladrones que iban a ser ejecutados con él llegaron a la cima del Gólgota. Permaneció prudentemente alejado, pero sin apartar la vista de los maderos dispuestos para cumplir la pena. Por allí andaban María, las otras mujeres que siempre seguían a Jesús y uno de sus discípulos, el más joven de todos ellos, Juan. La escena era terrible. El silencio de Jesús, los llantos de su Madre y de María Magdalena, la rudeza de los verdugos… Por unos minutos dejó de ver la figura del Maestro. La recuperó ya crucificada, elevándose hasta el cielo triste de Jerusalén.
El joven se encuentra con Jesús en el Calvario.
El joven sale de los oficios en su Parroquia y la procesión se le ha cruzado en el camino a la altura de San Martín, con lo poco que le entusiasman las cofradías. Este año no ha podido irse a la típica Pascua Juvenil que organizaban por ahí, en algún pueblo, todo muy auténtico y muy profundo; y estos de las cofradías, ¿qué manera de celebrar la Pascua es desfilar por las calles? Si esta gente, el resto del año, ni está ni se la espera, vaya folclóricos…
Tomás González Blázquez
domingo, 4 de marzo de 2007
Piedras
Nos decía Sor Esperanza que éramos "como apóstoles románicos", por lo duro de las cabezas. Pensaría la mujer en algo parecido a este apostolado de la iglesia de San Juan de Alba de Tormes que descubrí ayer. En la piedra arenisca hecha imperfecta corona del Rey y convertida en atolondrado rebaño del Pastor. Ahora, pedregosas batallas que siembran la duda y el desánimo hacen añorar los tiempos en que uno era como un apóstol románico, cuando no tenía que reaccionar ante apedreamientos caprichosos...
sábado, 24 de febrero de 2007
Este Atleti...
Parecía que esta noche sí. Ya tocaba. El Manzanares a reventar, el ambiente de las grandes ocasiones, el equipo metido en el partido... y hasta el Niño logró ver con nitidez la portería del Madrid. Aún me pica la garganta de cantar el gol. Pero esta noche no. Tampoco ha podido ser. Nos birlaron el segundo gol, legal a todas luces, entre árbitro y juez de línea (también lo canté, o sea que me pica por los dos), y se sucedieron las faltas del increíble Balón de Oro Cannavaro, una tras otra, demorándose la expulsión hasta los últimos minutos. Fue entonces cuando apareció el eterno salvador Casillas, y la afición colchonera abandona a esta hora el estadio sabiendo que los merengues han escapado vivos y coleando, y que el trencilla ha tenido mucho que ver, como manda la tradición. El fatalismo que nos acompaña hoy ha vivido un nuevo capítulo. Dormiré con la rojiblanca soñando victorias que ya se echan de menos.jueves, 22 de febrero de 2007
El estudiante de Salamanca
Estaba echando un vistazo ahora al complicado cuadrante de resultados de la primera vuelta de las elecciones a Rector de la Universidad de Salamanca. Dividido el censo en siete sectores, con sus respectivas ponderaciones, descubro que pertenezco al que ha registrado menor porcentaje de participación, el de los estudiantes de pre-grado. Ni cinco mil alumnos hemos votado de los más de veintisiete mil llamados a hacerlo. Nada que ver las mesas de las facultades con el bullicio de esta mañana en Libreros, con todo el profesorado acercándose a las Escuelas Mayores. El estudiante de Salamanca hoy apenas ha opinado, y en la segunda vuelta, que se presenta muy favorable al candidato Alonso frente al actual Rector Battaner, no creo que vayamos a ser muchos más los votantes. Nuestro voto vale poco, pero cuenta más, por ejemplo, que el de la mayor parte de los profesores que nos imparten prácticas. Vale algo, y a la urna lo he mandado recordando aquella primera lección universitaria que me obsequió con el tema 1 de Bioquímica. A mí no me lo hacen a la puerta de casa... y tampoco me gusta el "botellón".martes, 20 de febrero de 2007
Alcina
viernes, 16 de febrero de 2007
Encuentros en la berrenda fase
sábado, 10 de febrero de 2007
Nombres para el Viernes Santo
La cuestión es que tengo un buen amigo encargado de escribir un par de páginas sobre el Viernes Santo para la revista de la Cofradía. Concretamente, sobre este próximo Viernes Santo. Y me preocupa que no puedan llegar sus palabras a tiempo para ser publicadas o que, en su defecto, las que lleguen sean fruto de especulaciones o deseos, de posibilidades o intuiciones. Que también me encantaría leerlas, por supuesto. Escribir sobre el próximo Viernes Santo salmantino, a menos de dos meses, es toda una aventura. Por ejemplo: anoche la Junta de Cofradías rechazó la propuesta de los hermanos de la Vera Cruz sobre un acto, el Descendimiento, que esta cofradía creó en 1615 y que la Junta, fundada en los años cuarenta del pasado siglo, recuperó y viene organizando conjuntamente con la Vera Cruz. Pues bien, la citada Junta asume la "propiedad" del acto, niega la co-titularidad pedida por Vera Cruz y desestima ubicarlo en su escenario natural y original del Campo de San Francisco, donde incluso hubo una construcción ad hoc única en la ciudad. La asume de una manera temeraria, pues ni se incluye en sus Estatutos, ni, a menos de dos meses del acto, cuenta con las imágenes necesarias para realizarlo. A quien, se supone, deberá solicitarlas es a una cofradía cuyos acuerdos de Junta General no son tenidos en cuenta por el Pleno, donde uno se manifiesta enamorado del cimborrio de la Torre del Gallo para disfrazar la incoherencia de abogar por la unidad de una procesión ignorando la importancia del paso titular, otros votan para decidir sobre un acto al que no van ni irán, el de más allá piensa que al fin y al cabo tiene instalada una mesita petitoria (en el mejor de los casos) en la Catedral... ¿Surrealismo? No, "semanasanterismo" salmantino.
Por eso, y por lo de la tarde, y por todo, pienso en mi amigo el encargado de escribir, y pienso en nombres para el Viernes Santo, y se me ocurre que si en la mañana va a reeditarse el EXILIO de los cofrades que habrán / habremos de acudir al recóndito Patio Chico, supongo que menos que nunca, la tarde ha de constituir el ÉXODO liberador que nos afirme como Cofradía de la Vera Cruz.
martes, 6 de febrero de 2007
Médicos en apuros
Prefiero no escribir sobre la patética guerra de cifras de manifestantes y apropiación/dejación de himnos y banderas con que los que nos suponemos demócratas estamos respondiendo a la estrategia destructora de España de los terroristas y sus simpatizantes, pero sí pienso a menudo en los médicos, enfermeras y resto de profesionales sanitarios responsabilizados de la atención al recluso Iñaki de Juana Chaos. Este miembro de ETA ha asesinado a 25 personas y fue condenado a 3000 años de prisión, pero cumplidos 18 iba a quedar en libertad y recientemente ha sido condenado por escribir varios artículos con lindezas como "las lágrimas de las familias de las víctimas son las que me animan", o algo por estilo. En fin, un claro caso de reinserción y arrepentimiento. Mencionaba a médicos y enfermeras, los del hospital madrileño Doce de Octubre (qué ironía), porque este individuo de mirada desafiante lleva desde noviembre en huelga de hambre para protestar por lo que él entiende una clara muestra de la opresión del "estado español" contra su persona. Los médicos en apuros quieren saber si podrán sedarle en caso de necesidad para salvarle la vida, ya que el tipo se quita cada dos por tres la sonda nasogástrica que le nutre. Los médicos en apuros están con un ojo puesto en las analíticas y otro en los autos de la Audiencia Nacional. Los médicos en apuros aguantan el circo que rodea a su paciente, mártir de la mentira y protagonista de las portadas. Los médicos en apuros se mueven entre policías, abertzales y periodistas del Times que no se sabe muy bien qué pintan en la habitación del asesino. Los médicos en apuros se debaten entre el Juramento Hipocrático y la más humana de las debilidades.
viernes, 2 de febrero de 2007
Rodar la naranja
La vida para un niño en Carrión de los Condes, "la muy noble y leal ciudad", era de lo más entretenida. Al llegar estas fechas no hacíamos otra cosa que pensar en la fiesta de San Blas, protector contra los males de garganta, que en este paraje palentino, como en muchos otros lugares, lleva de la mano la más genuina tradición popular del hombre que ya vislumbra la primavera, iluminado por las hogueras de San Antón y los cirios encendidos de la Virgen de las Candelas. El cuerpo se despereza, aburrido del invierno, y busca indicios de nuevas esperanzas en el resurgir de la naturaleza. Debían ser muchas las ilusiones infantiles, pues en el colegio Sor Susana y compañía nos dejaban salir pronto, a eso de las cinco, para poder disfrutar de nuestra fiesta antes de la anochecida, implacable todavía a estas alturas del año en Tierra de Campos. Abandonábamos el aula presurosos, y en la cartera, además de aquellos libros de "Lengua", "Mate", "Soci"..., el habitual bocadillo y la extraordinaria naranja, o mejor naranjas. Sí, naranjas por San Blas. Me explico. El primer destino de la chiquillada era el Monasterio de las Claras, el de la fotografía. Cuando llegábamos se estaba celebrando la Misa del santo, y tras ella se daban a besar las reliquias de San Francisco y Santa Clara, fundadores de la familia franciscana, y de San Blas, para alejarnos de faringitis, ronqueras y demás afecciones. Esto, unido a la gargantilla, garantizaba el éxito en la profilaxis. Cumplimentada la secular veneración del hueso de San Blas, se llenaban las eras cercanas para completar el rito de cada 3 de febrero. Todos a rodar la naranja, a deslizar nuestros cítricos bien escogidos por el verde, aprovechando las pendientes y desencadenando una batalla tan pacífica como divertida. Con la huida del sol se daba por finalizado el combate, o siendo más preciso, se aplazaba hasta el año próximo. Rodar la naranja en las eras de Carrión se hace desde que, según la leyenda, llegó a la ciudad el Cid Campeador, tras conquistar Valencia, cargado de naranjas para ofrecérselas a sus hijas, Doña Elvira y Doña Sol, casadas con los Infantes de Carrión. Al no encontrarlas allí se enfureció y arrojó el cargamento frutal en las eras. Los niños, atraidos por aquel producto exótico, se lanzaron a por las naranjas y comenzaron a jugar con ellas, mientras Don Rodrigo Díaz se quedaba afónico de tanto gritar contra los yernos. Pero antes de salir pasó por las Claras, besó la reliquia de San Blas y recuperó la voz. Milagro divino a través del santo y divertimento popular: todos los ingredientes para consolidar una fiesta, aunque ni las hijas del Cid (Cristina y María, en realidad) se casaran con los Infantes ni el monasterio pudiera ser visitado por el caballero de Vivar, pues se fundó en el siglo XIII. Pero... ¿y lo bien que nos lo pasábamos? Tengo que volver pronto a Carrión.
