miércoles, 23 de mayo de 2007
El español de la Historia
martes, 22 de mayo de 2007
Por los viejos tiempos
El día que me llevaron a la clase de Sor Luisa creo que lloré. Acostumbrado a la escuela unitaria de Villar de Ciervo, aquello me debía resultar excesivo: mucho pasillo, hasta escaleras... y lejos de Salamanca. Creo que sólo volví a llorar el día que me fui, seis años después, cuando me esperaba Salamanca pero dejaba atrás tantos buenos momentos vividos en Carrión. Hasta partido de despedida tuve, y recuerdo que ganamos a los de 5º, ¡y marqué! Era un viernes por la tarde agrio, con lo dulces que siempre eran las tardes de los viernes. Porque los viernes planeábamos los del colegio de monjas cómo ganar el sábado a los de las Nacionales, y solíamos conseguirlo. O incluso entrenábamos, pues al día siguiente nos poníamos en camino, con afición incluida siempre llenando el autobús, rumbo a Baltanás, a Villamuriel, a Osorno o a Torquemada, para competir en los Juegos Escolares. Los viernes acabábamos los trabajos manuales del Día de la Madre (qué orgulloso estoy, tan manazas que es uno, del macetero y alguna otra obra de arte); en mayo, rendíamos pleitesía a la Madre: "Venid y vamos todos con flores a María"; nos juntábamos en las reuniones de JMV; también era la jornada de las excursiones a Burgos o a Segovia... Pero sin duda tal viernes como el próximo, el anterior a Pentecostés, era el más esperado. Comenzaban las fiestas, ya anunciadas durante las semanas previas en los partidos de cada recreo entre morados y amarillos, pues según el curso éramos de un bando u otro, con los colores de la bandera de Carrión. Paradojas de la vida que un morado como yo, de los de brazalete y bandera (que el patio parecía un estadio griego por lo menos), haya acabado de amarillo. El hecho es que el cohete daba inicio a los festejos: a los juegos del sábado por la mañana, a la exposición (siempre ponían mis cuadernos de Sociales, porque mis mapas eran... de exposición), a la caza de cintas y el cross, a la verbena, a los partidos entre padres, a los coros y danzas (todas las compañeras vestidas de zagalas bailando la Jota de Villamoronta es algo inolvidable), a la chocolatada, a la tómbola misionera pensando en el hermano Rúa que venía a vernos desde Madagascar, y por supuesto a la Misa en el patio con su correspondiente vino español. Este viernes será distinto. Lo es desde hace unos años. Por desgracia, el Colegio Espíritu Santo ya no vive más que en la nostalgia de párrafos como éste, pues la escasez de alumnos hizo que las Hijas de la Caridad renunciasen a mantenerlo. Aunque no haya cohete, me pondré en fiesta de nuevo. En fiesta de gratitud por lo aprendido y lo sentido, por lo guardado en la mente y lo acogido en el corazón. Por los amigos que ya no leerán esto, que como lo fueron en nuestra infancia lo serán siempre. Por las carreras delante de Teresa Infante, la mujer más veloz que pueda imaginarse. Por los disfraces que ya nunca me pondría. Por el año que le dimos la copa a los morados. Por Pedrito, mi compañero de esquilas y vinajeras. Por las clases de Sor Susana y las postales que cruzo con Sor Isabel cada Navidad. Por los viejos tiempos que yo hago nuevos a menudo, y más que nunca este viernes, cuando prenderé el cohete de la amistad y me parecerá estar corriendo por el patio desierto de mis recuerdos, cantándole a la Milagrosa y agitando al viento la bandera morada de mis amores de niño de pueblo.lunes, 21 de mayo de 2007
Salamora, tierra nuestra
Salamora viene a ser el espacio, real o virtual, que reúne a un grupo de zamoranos y salmantinos unidos por la amistad con la excusa de las cofradías, hermanados por algo más que una mesa tallada o un sayón más o menos bajito y regordete (no deben conocer a culocolorao). Además de espacio, suele ser tiempo de tertulia, de anécdota a lomos de un 2 CV encabritado ante la puerta de una iglesia, de belgas de Lovaina alucinando con monjas sordas de Zamora, de cedros asturianos llorando cual Dolorosas, de Magdalenas con ínfulas de Miss Judea peinadas a la antigua, de polémicos atuendos que una se pone porque viene de Palermo o por ser tía de una preciosa sobrina... Salamora me suena a truchas amotinadas en recóndita estancia ideal para conspirar, o eso parecía, pues acabaron pasando por allí todas las fuerzas vivas (sólo faltó Don Gregorio en busca del penúltimo bocado de Resurrección). Me suena a amigos recientes que siempre estuvieron ahí, al inigualable Víctor detrás de la cámara (pudo ser otro inigualable, Gabi: ¡pues claro que somos!), a mensajes de texto geniales para una noche de sábado (por ejemplo el Santo) por obra y gracia de Rubén, a la sonrisa serena de la Verónica de un cofrade agradecido y comprometido (un honor pedir al unísono sendos cafés con leche, y sobre todo tenerlo de hermano desde esta Ascensión hasta el final de mis días), a la inmoderada moderación hecha Pasión de Zamora... Me suena al eco de mis "encuentros en la berrenda fase" convertido en himno de amigos. A fraternidad porque sí. ¿Para qué más con lo bien que suena?sábado, 19 de mayo de 2007
Blanca que te quiero blanca
Cuando hace unas horas metí, como tantos otros viernes, la bata en la lavadora, caí en la cuenta de que era la última vez que lo hacía. Mi bata de estudiante: sin identificaciones oficiales, sin bolígrafos de laboratorios (salvo el de Durogesic de mi querida Elena, claro), sin las manchas del hastío y la rutina que desgraciadamente ensucian otras batas. Mi bata acostumbrada a la libreta en el bolsillo inferior derecho, donde anotar cuatro datos relevantes para rellenar el cuaderno de prácticas, donde dejar constancia de algún signo clínico de esos que viene bien incluir en el bagaje de conocimientos y que al verlos se graban para siempre aunque fuese imposible entender aquello en la clase de las ocho de la mañana. Una libreta donde recoger alguna frase brillante, o ciertas curiosidades, v. g. la pegatina del niñito tan simpático de la consulta de Otorrino, Francisco Franco Polo se llamaba, nada más y nada menos. Por la Gracia de Dios paciente de Rincón, uno de los mejores profesores de la carrera, ¿verdad, Isabel? Una libreta donde agrupar todos los cotilleos que me contaba Romo, el de Alergia Pediátrica, que sabía vida y milagros (y miserias) de toda la jet salmantina, desde la cuernicracia hasta los políticos, con especial atención a los "cátedros" y aspirantes a ello de la Facultad de Medicina. En esa libreta atesoro el desorden de aquel primer despachito que nos reunió en la rotación por Interna del Virgen de la Vega, estábamos en 3º (Rocío y Jorge lo deben tener grabado igual que yo, sobre todo las persecuciones a los médicos por el "atajo de las pentosas": nadie hay más veloz que un doctor por los pasillos de la planta); las eternas horas de espera en Paritorios (ninguna buena mujer quería dar a luz para nosotros, ¿eh, Mati?: planteémonos algunas cosas, tú); las surrealistas conversaciones en la pajarera del histórico Hospital Provincial hoy reconvertido en Residencia Geriátrica con Juanjo de inmejorable contertulio; los nombres de aquellos profesores que me hicieron sentir además de alumno compañero: Barrueco, Mories, Arribas, Teresa Carbajosa y Rubén, Varela, Susana (¿hija de Don Alberto?), María Bueno y María José Dalmau, César y Amalia estas últimas semanas... y tantos otros que en algún instante me enseñaron algo o intentaron hacerlo. Mi bata, mi querida bata blanca por un año, recibía en su bolsillo inferior izquierdo al estetoscopio, al fonendo que no sé por qué tantos llevan colgado al cuello (yo seguiré fiel a mi costumbre). Y en su bolsillo superior izquierdo, bien pegado al corazón, he logrado meter a todos y cada uno de los pacientes que en estos años no sólo he observado sino que he mirado, no sólo he auscultado sino que he escuchado, no sólo he palpado sino que he estrechado su mano en el dolor o la duda. Desde aquellos ancianos de Interna con sus ictus a cuestas a estos de Oncología, esclavos de las malas noticias. Desde las criaturitas de la UCI de neonatos hasta las abuelillas mejicanas de aquel verano del que alguna vez escribiré en detalle. Cuando hace unas horas metí la bata en la lavadora sabía que acto seguido empezaría a centrifugar recuerdos, a echar de menos la voz de los pacientes que al salir de la consulta con todo el alma decían: "Mucha suerte, majo". ¡Gracias!domingo, 13 de mayo de 2007
Tú a Boston y yo a California
Me decía anoche el bueno de Rober, al que no veía desde hace demasiado tiempo, que tenía que dedicar en este blog, que a veces visita, una entrada a la cena pre-desbandada general, pues El Corral (¿dónde si no íbamos a avituallarnos?) nos reunió a bastantes de los que marchan ahora a sus nuevas casas y a otros que lo haremos de aquí a un año. Casas de alquileres prohibitivos, de compañías nuevas, de ciudades desconocidas, de barrios por descubrir... y, en fin, casas que serán los hospitales, que suenan a aventura, a miedo y, sobre todo, a ilusión. Es hora de despedirnos, de amueblar las habitaciones con el recuerdo de lo mucho y bueno vivido en Salamanca y hacer la firme promesa de volver, de dejar rastro, de seguir bebiendo en las fuentes de la amistad ganada en estos años. Muchos se me van, otros se quedan, y Dios sabe qué me deparará este trance el año próximo (ahora no me inquieta). Sólo sé que he cubierto el mapa de España de banderitas, que la ruta promete sobre el papel y pienso llevarla más allá. Me alegra ver a muchos de los míos, futuros médicos generales, médicos de maletín y de verdad, que han abrazado lo más pleno y auténtico de la vocación que compartimos: Raúl en Cataluña, Inma en Valladolid, Juan y Sonia en Salamanca, Sole y Rober en Madrid. Me entusiasma la apuesta de los "malagueños" (Manu, Isa y Nacho); me parecen grandes elecciones las de los "otorrinos" (Juancar y Rocío); los lanzados a la gran urbe, tan alejados aparentemente de mi ideal de medicina de pueblo, me resultan también admirables. A los que sufran/disfruten sus primeras guardias en nuestro querido Hospital Universitario les frecuentaré, ansioso de experiencias; a los exiliados, les daré a menudo señales de vida y de afecto; a todos les emplazaré en 2008, por estas fechas, necesitado de su palabra a buen seguro tranquilizadora. Porque habrá mensajes de fin de año (dejadlo de mi cuenta), habrá cenas de vez en cuando promovidas por Juan, habrá movimiento en blogs y fotologs tan abundantes, habrá una llama encendida en el Aula MIR (Mercedes, Rafa, Fran, Javi Iglesias, Fátima, Losada) y habrá muchos motivos para que el puente aéreo Boston-California sea la línea caliente de los cielos estrellados, y cada noche acaricien la luna unos cuantos amigos que un día soñaron con ser médicos.sábado, 12 de mayo de 2007
Más que el sol
Fue un Domingo de la Ascensión, todavía con sabor a reluciente Jueves en Tierra de Campos. Lo sigo recordando con el cariño de los momentos felices, con el vértigo de los acontecimientos importantes y con la memoria de los detalles pequeños, que con frecuencia son los más grandes. El 12 de mayo de 1991 amaneció soleado en Carrión, y para mí lo hizo más temprano que ningún otro domingo. Era un domingo diferente: el de la primera comunión, largamente preparada en la catequesis del colegio con Sor Patro, en la escuela de la oración y las parábolas, en la escucha de la Palabra de Jesús por medio de tantas voces, de tantas lecturas, de tantos caminos. Era un domingo grande y esperado con el ansia de las ilusiones infantiles, de la cercanía y la intimidad con aquel Dios tan mirado y tan pronunciado, tan presente y tan querido. Lo fue aquel domingo y lo es hoy también, siempre inmensa el hambre e intacta la certeza, siempre nueva la fe. Es grandioso cada día que uno llama a las puertas de la primera vez, y el Único Sol alumbra la reconquista del primer instante.miércoles, 9 de mayo de 2007
Somos azules

Siete historias
para siete hermanos.
Siete nudos que son
siete desenlaces.
Siete pasos para una tarde
de lluvia gris
que ha desalojado
al azul del cielo
y lo ha derramado
sobre siete corazones.
Siete azules y un destino.
Siete no...
Setenta veces siete amigos.
viernes, 4 de mayo de 2007
501 años... y un día
Reinterpreta el genial Paco este Tiziano como "La Vera Cruz socorrida por sus cofrades", y el "Turco" del fondo acechando, sin nombres. Ha sido su particular forma de felicitar este 501º aniversario, celebrado con la relajación propia del estar en familia, en hermandad natural y espontánea, que a eso tiende el cofrade, y no sólo a ponerse el capuchón el Viernes Santo. A estas horas de insomnio post-examen, tan habitual, no acierta uno a juntar muchas palabras, y menos probable es que resulten brillantes, por lo que me permito remitiros a las de Alberto (consultad abajo en los enlaces: Conchero, que no he logrado enlazar desde aquí) y Ana, zamoranos de alma y corazón, cofrades de los que tienden a la hermandad más verdadera, y recentísimos amigos de esta Vera Cruz nuestra cinco veces centenaria. Ellos así nos ven, así se ven con nosotros. Son tan azules como el Señor Escudero, que ya es ser azul. ¡Gracias!http://www.lapasiondezamora.com/blog.php?id=2&numero=43
martes, 1 de mayo de 2007
Bendita alcaldada
En esta peculiar materia que me ocupa el Día del Trabajo (¡y del Estudio!) hemos de aprender, con otras muchas cuestiones, la estructura y finalidad de los diferentes tipos de documentos, entre ellos uno con resonancias antiguas, el oficio. Y es precisamente un oficio el que os muestro, aunque ha pasado a la Historia como "El Bando de los Alcaldes de Móstoles". El Municipio asumía la alerta de la Nación. Han pasado casi dos siglos de aquello, pero merece ser recordado con admiración. Era la incipiente España de la Libertad, la del gaditano Oratorio de San Felipe Neri, la que se rebelaba y se revelaba aquella primavera. Quizá estos alcaldes que hablan como si uno fueran, Andrés Torrejón por el Estado Noble y Simón Hernández por el Estado General, no respetasen las rúbricas más ajustadas al Derecho y a la pulcra redacción de documentos, pero urgía que los emisarios partieran prestos hacia Talavera de la Reina, Extremadura y demás regiones. ¿No se presentan el próximo 27 de mayo en ninguna lista?
Es notorio que los Franceses apostados en las cercanías de Madrid y dentro de
Dios guarde a Vuestras Mercedes muchos años.
En Móstoles, a dos de Mayo de mil ochocientos y ocho.
Andrés Torrejón. Simón Hernández
lunes, 30 de abril de 2007
El hombre que nunca existió
En breve tengo examen parcial de Medicina Legal, así que os traigo una curiosidad del temario. Se trata de conocer cómo el hecho de que los forenses alemanes no pudieran distinguir entre una muerte por algún proceso pulmonar al uso y una muerte por sumersión trajo consecuencias fundamentales en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Echadle un vistazo mientras me recreo en los capítulos más áridos de la asignatura: http://us.geocities.com/manwhoneverwas/sábado, 28 de abril de 2007
Las manos del alfarero

Esta mañana amanecí leyendo a Xabier Pikaza. Raúl me quería animar el día desencadenando un jugoso debate, pero esta vez me agradó lo que leí sobre la primacía de Pedro y el pastor-amante frente al pastor-autoridad. Continué la jornada en una planta de hospital, con lo que ello significa. La proseguí escuchando, mientras comía, el testimonio de un sacerdote salmantino que estuvo en el Paraguay, José Isidro Salgado: un cura díscolo de esos que molestaban a cierto tipo de obispos. Conocí después que van a ser beatificados quinientos mártires de la Guerra Civil Española. Y hace un rato terminé el viernes juntando esto y mucho más en amena divergencia con Rafa y sus catequesis de domingo, con Raúl y sus siembras en tierras donde creció presta la mala hierba, con Inma ausente siempre presente. Nos definía Raúl la Teología como ese llenarse de agua la vasija de barro, que apenas sí conoce al alfarero por el roce de sus dedos. Por la Fe le conoce y le reconoce. Por la caricia del artesano que repite su costumbre creadora y el genio del artista que hace nuevas todas las cosas. Empezamos discrepando al opinar de la Iglesia y acabamos coincidiendo al confesar a Dios. Como siempre. El pan nuestro de cada noche. Las manos suyas de cada vasija, que tienen que llenarse del agua de la libertad porque así nos ha querido. Serán arcilla, mas tendrá sentido. Barro serán, mas barro enamorado.
miércoles, 25 de abril de 2007
O povo é quem mais ordena
00:20 horas del 25 de abril de 1974. En el programa "Límite" de Radio Renascença se escucha la voz de José Afonso. Es la señal. Va a estallar la Revolución de los Claveles.Em cada rosto igualdade.
Grândola, vila morena,
terra da fraternidade.
http://www.youtube.com/watch?v=z_H1pYcI_l0
martes, 24 de abril de 2007
Quirófano

Esta misma mañana he vivido mi última incursión/excursión al quirófano, lo cual para un encaminado hacia la medicina general no es ninguna tragedia, sino todo lo contrario. Un by pass aorto coronario, con el corazón paradito y la circulación extracorpórea, ha sido el culmen espectacular de tantas andanzas en dichos recintos, allí "donde se muestra lo realizado con las manos". La etimología, como siempre, refleja muy adecuadamente la realidad. La que me ha tocado vivir. Todo comenzó en noviembre, años ha, cuando la rotación práctica de Fundamentos de Cirugía me dejó una tarde en compañía de un residente tan intrépido como altanero. Ya un poco aburridos por los arduos temarios de bioquímica, bioestadística, micro... y hartos de las cansinas prácticas de anatomía, Felipe nos devolvió a los orígenes vocacionales: le perseguimos corriendo por el hospital (esto ya es algo a lo que te acostumbras después), auscultamos, palpamos, preguntamos, discrepamos, intentamos hacernos entender con aquel transeúnte alemán que hubo que abrir en canal (destilaba aromas tuberculosos su absceso)... y hasta sufrimos con él en una larga conversación telefónica con la novia, que debía reprocharle tantas guardias seguidas. Pero se le notaba contento, y nos "transfundió" ganas de ser médicos. Recuerdo que aquella tarde no miramos el reloj, y varios casos después, salí del Clínico cerca de la medianoche. Pero claro, no es lo mismo una guardia, con pacientes por diagnosticar, que una mañana en quirófano, con pacientes dormidos. La visita por la planta y la consulta han sido mi tónica habitual en las prácticas; las horas de quirófano, un trámite que cumplir. Y dentro de lo que cabe, algo habré aprendido. Por ejemplo, a atisbar el campo quirúrgico aunque me encontrase a varios metros de él, con una enfermera veterana rezongando, un orondo anestesista resolviendo el sudoku del periódico, un carrito de instrumental atravesado, un celador haciendo gracietas, un R1 de Anestesia impartiendo una clase magistral de farmacocinética (evidentemente no licenciado por Salamanca)... Aprendí a estorbar lo menos posible, a soportar el olor de la hemostasia, a encontrar pijamas en los vestuarios. Descubrí cómo debe ser el alcantarillado público al lado de los vasculares o qué minuciosidad pueden alcanzar los dedos humanos junto a los oftalmólogos. Me empapé del saber de los viejos rockeros de Gine u Otorrino y del descaro de los JASP de Torácica o Cardíaca. Escuché los mejores chistes de mi vida bebiendo los peores cafés.
P.D.: Si algún guionista falto de ideas de estas series que tanto abundan últimamente viene a parar por estos lares y le inspiran alguna trama, absténgase de citar la procedencia. Secreto profesional.
sábado, 21 de abril de 2007
Las tazas de la amistad
Todos los caminos de una noche que nació a media tarde nos llevaban, otra vez, al sofá de las tertulias a cubierto, solemnizadas con el ritual del Cola Cao, "desayuno o merienda ideal"... y no digamos como menú de madrugada entre amigos, como postre de largas horas tan cortas, estiradas hasta el bostezo, hasta la carcajada, hasta la sucesión de las historias de siempre contadas como nunca y servidas en las tazas de la amistad.