El pasado 23 de junio dediqué una entrada, "Odiosos médicos como dioses", al conflicto legal suscitado en el servicio de urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés. Anteayer leí la sentencia del juez después de que el doctor Montes apelara, y ha decretado que eliminen toda alusión a una posible mala praxis que dejaba caer la primera sentencia: no era condenado por ello, pero aparecía en el texto. O sea, que ordena se lave el nombre de Montes de algún modo. Por si lo tenía manchado. Para algunas personas sí. Para otras, es un héroe, mártir de la Sanidad pública frente a la política privatizadora de Esperanza Aguirre. Pues será el mártir de la oposición política, porque de la profesión médica me niego a que pueda serlo. Nunca sabremos si su proliferación de sedaciones en las propias camas de urgencias fue causa directa de que en ese servicio muriesen tantos; no se practicaron autopsias que arrojarían luz al respecto. El hecho es que las tasas de mortalidad del servicio superaban en mucho las de otros hospitales, y la del propio Severo Ochoa tras el cese de Montes. Si hubo mala praxis, según los informes periciales pudo haberla. Unos lo afirman, otros lo desmienten. El primer juez, según el segundo, no los valoró o dispuso de acuerdo a lo establecido, así que los defectos de forma invalidan su alusión a la mala praxis: in dubio pro reo. Correcto. Creo en la Justicia, o más bien espero en ella, así que bien está la sentencia. Sobre el caso, sensu stricto, poco han aportado. Tan concluyentes como la del 11-M: cero al cociente y bajo la cifra siguiente (salvo los ceros a la derecha para la esposa del juez Bermúdez, claro). Siempre los muertos de Leganés pagando el pato. Unos se inmolaron por la causa y a otros les adelantaron la llegada a destino de un viaje que ya habían emprendido.
Y como siempre, tras cada sentencia, como tras cada escrutinio electoral, la lluvia torrencial que hace dudar de la consistencia de ese paraguas llamado democracia. Se han sucedido las declaraciones, los manifiestos, los trastos a las cabezas ajenas. Porque uno no se terminó de aclarar en verano cuando el ministro de Sanidad, Bernat Soria, médico para más INRI, no tuvo reparo en afirmar que "la medicina de izquierdas cura más que la de derechas" (ciertamente me impactó) y ahora interpreto que "medicina de izquierdas" es la de Montes y "medicina de derechas" la de Esperanza Aguirre. Que la primera aboga por mantener la universalidad de la atención a cargo del Estado íntegramente mientras la segunda coquetea con las compañías aseguradoras. Entonces me quedo con la primera si el coqueteo de la segunda resta recursos y deja de cubrir necesidades. Hace poco asentí con un sincero amén la entrada dedicada por Vitote a esta cuestión, seguramente desde una postura ideológica bastante distante de la mía:
http://apracticas.blogspot.com/2008/01/mi-conspiranoiquitis.html.
Aventuro también, o mejor dicho afirmo sin dudarlo, que la primera, o sus más atrevidos representantes, no hace ascos a abrir el debate sobre la eutanasia activa y a seguir despenalizando el aborto, al que otorga erróneamente la categoría de derecho, pero me temo que la segunda no hará nada por invertir este rumbo lamentable que cada año multiplica las muertes de los no nacidos en España, holocausto silencioso y terrible. No me pongo apocalíptico ni talibán. Las cifras son las que son. Para ellos no existen derechos humanos y humanos son. Así, ¿medicina de izquierdas o de derechas? ¡Medicina! Que no la apelliden con esta desgraciada dicotomía. Un arte de tantos siglos, una profesión tan regulada por sus colegios profesionales, no puede ser llevada al debate político. Hágase política sanitaria pero guárdese de intervenir el acto médico, como ha de excluirse del mismo la creencia religiosa. La objeción de conciencia nos libera de dramas interiores, o lo procura, pues son inevitables. Que lo social no eclipse a lo moral, cuando precisamente ha de nacer aquello de esto. Que no me vuelvan a hablar de medicina progresista o conservadora, porque me están mintiendo. Porque me da que no existe. ¿O se lo enseñarían al ministro Soria en su facultad?





















