miércoles, 27 de febrero de 2008

El camino de Extremadura

Salamanca-Zarza la Mayor. 185 kilómetros. Años, muchos años después, rumbo a Extremadura por donde los cordeles de merinas, sendas de espigadero y brezo a punto de florecer. Nieblas espumando el valle desde la fuente del Puerto de Perales, salpicando de bruma la verde alfombra de las laderas, tachonada de mimosas amarillas la vereda que en tiempos contaba hasta 369 curvas antes de alcanzar la falda del monte. Y como esperábamos Tomás padre y Tomás hijo, entre las horas de este miércoles, como todos los días pero hoy más que nunca, se nos apareció Tomás abuelo.

Volvimos sin volver a La Fraila, cruzando en sueños el romano puente de Alcántara. Distinguimos el rebaño, y los charoleses, y en el paseo por las calles de Zarza, como si surgiese de entre las encinas, a Francisco, abuelo ya próximo al que abrazamos y así abrazábamos un poco a abuelo Tomás. Porque hoy no estaba pero ha sido su día. La última vez que le vi fue la primera que me vio de azul. Fue por la Pascua trece años ha. Fue dulce el adiós porque no era una despedida. Era un domingo de primavera, cuando el campo se viste de cielo y el cielo se mira en el campo.

Él, muy suyo siempre, prefería la otoñada. Gustaba de calarse el sombrero y empaparse de las lluvias de septiembre, de octubre, del noviembre de La Fraila. De tomar a menudo el camino de Extremadura como hoy hemos hecho nosotros, herederos de su nombre y de sus caminos.

sábado, 23 de febrero de 2008

La ciudad que olía a Jueves Santo

"¿Pero vas a poner en el blog todas las cofradías que estamos viendo?", se preguntaba el guía de nuestra excursión de cuatro, a falta de dos que suman seis.

Tenía delito que a mi edad no hubiera puesto el pie en esa Castilla meridional que es Andalucía. Enmendé mi plana el pasado fin de semana, cuando tres días intensos y kilométricos en Sevilla me hicieron recuperar en cierto modo el tiempo perdido. Volveré, claro que sí. Porque tres días son casi nada. A estas horas Estela, Jesús, Álvaro y yo pensábamos en la siesta reparadora para seguir viendo recoletas capillas y grandilocuentes altares de cultos, donde las vísperas se juntan con las octavas y el humo de la cera ardiendo se confunde con el del incienso. Sevilla de naranjos, de laberintos de callejuelas y casas blancas. Sevilla de la que se ha escrito tanto. Donde todos los caminos conducen a alguna iglesia, y todas las iglesias tienen un azulejo, y todos los azulejos muestran un Cristo o una Virgen que a un sevillano le ha puesto en camino. Sevillanos que se arremolinan cuando en la noche vuelve Pasión a la iglesia colegial del Salvador en sencillo y hermoso traslado. Sevillanos de alta alcurnia en los patios cofradieros del Silencio o la Mortaja. Sevillanos que ensayan las horas procesionales en una madrugada de invierno, y el paso es un vehículo más sin que nadie ose utilizar el claxon. Sevillanos negros del Santo Entierro, azules de Montserrat, encarnados de La Lanzada, blancos de la Amargura. El Descendimiento íntimo de la Quinta Angustia y la elegancia sobria del Calvario en La Magdalena. El olor de Jueves Santo elevado a la máxima potencia en el templo de la Anunciación surgido de la mixtura Valle y Amor. O la sencillez de todos los santos sencillos hermanándose Los Javieres y el Carmen Doloroso. La Eucaristía reciente en la capilla de Los Panaderos, la que nos encontramos a los pies del Cristo de Burgos, la que procesiona la hermandad de La Cena, la que celebramos en la catedral trianera de Santa Ana revestida de una Estrella de domingo, cuando la lluvia en Sevilla no es una maravilla pero en la calle Pureza sí. Sevilla de la Universidad y la Plaza de España oxigenadas por el parque de María Luisa. Sevilla de viernes del Gran Poder, el vecino de la Soledad de San Lorenzo. Sevilla que pronuncia con veneración el Dulce Nombre de Jesús y hasta la saciedad el de María, a la que llama Macarena. Sevilla que se pone la cruz a cuestas en Los Gitanos y se atraviesa el corazón por siete espadas en Los Servitas. Sevilla maestrante y torera del Baratillo, desnuda del Despojado. Sevilla de recovecos en Santa Cruz. Sevilla que cruza el Guadalquivir y musita en la capillita del Carmen una plegaria de adentramiento en Triana, que es otra historia. Es asombro de La O hecho último aliento del Cachorro y Esperanza de los marineros por tres veces caídos. Sevilla en estado puro. Campana, Sierpes, Plaza de San Francisco. Pues mira, Jesús, al final sí he logrado acomodar en esta carrera oficial las veintinueve cofradías que vimos. Veintiocho en sus iglesias y una afirmando su fe, la nuestra, por las calles de esta ciudad que nos puso en camino, nos acogió cálida y lluviosa (habiendo cuatro azules era inevitable), nos abrió sus puertas y nos citó para la próxima, sin dejar de oler a Jueves Santo.

martes, 19 de febrero de 2008

Su pueblo y el mío

Apenas me restan unos capítulos, páginas escasas que me resisto a consumir. Es lo que se hace con los libros queridos, en los que hasta el papel tiene otro tacto y los personajes son como de la familia. Libro de biblioteca. Deforme. Gastado. De infinitos lectores. Quizá algunos lo dejaron a medias; otros se resisitirían a devorarlo. Prefirieron, como yo, la delectación. Aún cien páginas hasta concluir "El obispo leproso", continuación de "Nuestro Padre San Daniel". Las dos novelas de Oleza. De Orihuela, su pueblo y el mío. La protagonista es Oleza, y su pompa y su circunstancia a la orilla del Segral, del Segura. A la sombra de sus canonjías y sus abolengos, nave varada de capellanes y apellidos, anclada en el muelle de las apariencias. Otra Iglesia, otro siglo, otra España. Oleza de procesiones y familias, de incienso que oculta el misterio, de barracas y huertanos, de carlistas y liberales. Acostumbrada a las costumbres hasta hacerlas leyes de las que hurgan en la herida de la libertad del individuo. Dramas y lutos. Llagas y llantos. Miedos y luchas. Palacios y Palacio.

Y el Ángel. El enamoramiento prohibido de María Fulgencia, que se trae de Murcia al convento olecense/oriolano la pasión angélica por el Ángel de Salzillo, vigía de Getsemaní que así describe Gabriel Miró en boca de uno de sus personajes: "No quiso un ángel con espada, con laúd, con rosas. No un ángel de ímpetu, ni de suavidad ni de gloria: ángel fácil, de buena vida. Nos dejó el Ángel más nuestro y el que estuvo más cerca del dolor humano de Dios; el Ángel que descendió al huerto lleno de luna, para confortar al Señor en la noche de sus angustias". Ángel al que mirar para rezar las esquinitas de una noche santa y buena, cuando la sonrisa es el mejor dibujo. Cuando los dibujos no tienen título pero los días se vuelven siameses.

lunes, 18 de febrero de 2008

El Descendimiento vuelve a casa

Vuelve a casa por Viernes Santo. Su día, su tiempo. Y por fin, o de momento, su lugar. La buena nueva nos llegó a algunos azules que estábamos en la sevillana Plaza de la Encarnación, tomando café al calor de la cálida noche de viernes. De vez en cuando, hay viernes aderezados con Pleno de la Junta de Cofradías de Semana Santa. Que deberían ser sesiones en las que discrepar con ardor pero coincidir con amor, en las que dialogar con vehemencia pero acordar con paciencia. Pero no. Noches de ésas, pocas. Y la última no fue una de ellas. No estuve allí, claro, pero no me resisto a estampar unas pinceladas de "la otra Semana Santa" en este lienzo que transita por curvas menos peligrosas. He querido ilustrarlas con el proyecto presentado por la Vera Cruz tanto al Vicario General de la Diócesis como a la citada Junta el pasado 28 de noviembre. Más que proyecto, unas consideraciones: algunos fundamentos y unas cuantas pautas para debatir. Son las palabras que despertaron una vez más reproches incomprensibles por aquellos que guardan todo el año el silencio de los inoperantes. Nada en contra de ellos. Tan solo, reclamar el derecho a operar, a no dormir el sueño de la tradición espesa y nostálgica. Porque no es de recibo que el presidente de una cofradía utilice despectivamente el término "curilla" en una reunión de este tipo: ¿éstas son las cabezas visibles de un laicado comprometido? No es aceptable que otro veterano jerarca curtido en mil procesiones se rasgue las vestiduras y acuse a la Vera Cruz de "copiarnos el Vía Lucis": ¿tiene el copyright de este acto su congregación o por el contrario es un ejercicio piadoso recomendado por la Santa Sede para todas las comunidades de la Iglesia universal? Sonroja que se empleen términos como "batalla" o "guerra", que no merecen contestación y no la obtuvieron. Asquea, en fin, tanto interés en emular al perro del hortelano. En 2008 el Descendimiento vuelve a casa pero me temo que en 2009 volverán con la burra al trigo. Será en febrero si no en marzo; hasta entonces, barbecho, la especialidad de la casa.

lunes, 11 de febrero de 2008

Terraza con vistas

Panorámica Hospital Los Montalvos
El camino es corto en el espacio pero se alarga en el tiempo. Nunca se saben allí ni el día ni la hora. La mesa es amplia para escribir las últimas cartas, o las primeras. Hay tercer cajón para guardarlas y ventanas amplias para aventar los trozos de papel. Las persianas están a medio bajar y se intuyen las encinas por las rendijas. Los párpados, a media asta. Los ánimos, por los suelos quizá, pero serenamente aterrizados. La procesión irá por los adentros, tocando con la punta de los dedos unas afueras de sonrisas forzadas. Rictus de resignación. Curvas y hojarasca. Batas blancas. Cánulas. Toses. Vasos de agua duros de roer. Tardes dicharacheras de verano que son sólo recuerdos en mañanas calladas de invierno. Pañuelos al cuello. Ojos al frente. De espaldas a la musa y al lienzo. Hijos que no vienen. Que ya no vendrán. Copas de encinas tupidas de amargura en la calle de los silencios. Una calle Melancolía de terrazas con vistas a las que da vértigo asomarse porque la muerte es nítido horizonte.

viernes, 8 de febrero de 2008

¿Tienen mesa para nueve?

Vuelvo una semana atrás y me ubico en un punto indeterminado de la provincia de Burgos, entre Briviesca y Miranda de Ebro, a bordo del tren Salamanca-Hendaya. No viajaba en tren desde una de las visitas a Las edades del hombre en su edición abulense. Luego había llovido, como nos llovería la noche del viernes en Vitoria. RENFE no fue puntual, porque llegamos con seis minutos de adelanto sobre el horario previsto. Lo suficiente para rendir los honores de ordenanza a los/las (¿?) komunak de la estación gasteiztarra (o sea, los aseos) y que al salir llegase Quique a los andenes. Y desde entonces, aurrerá de la segura mano del anfitrión. La ruta desde la estación hasta su casa nos sirvió para dibujar la silueta del casco antiguo, pequeña y escarpada almendra que corona esa Catedral con los huesos al aire, con los secretos a medio desvelar en la segunda parte de "Los pilares de la Tierra". De ahí la presencia de Ken Follet junto a las piedras y andamios del templo, y es que "Un mundo sin fin" bebe del agua gris y vieja de esta seo abierta por obras, como enuncia el lema turístico. Si la vieja Catedral corona la almendra, a sus pies se halla la Plaza de la Virgen Blanca, cerrada por obras. Debe ser que en Vitoria ya no quedan fábricas de flores, porque el Ayuntamiento ha optado por sustituir todo el exorno vegetal por losas más nuevas pero más grises que el agua catedralicia. Yo podría recomendarles un inmejorable proveedor. En el centro del ágora, resiste a las excavadoras el monumento "A la batalla de Vitoria", subtitulado en su basamento "A la independencia de España"; aunque alguien oscureció la palabra España, se sigue leyendo en la distancia. Y si no se leyese, se sobreentendería como es natural. Al cabo del fin de semana, unos cuantos paseos terminaron por empaparnos del meollo de la ciudad. De su Carnaval participativo y exultante de comparsas y disfraces y de su San Blas de bendición y carritos de la compra que por un domingo salieron a la calle. De sus txapelas de chocolate. De su cinturón verde, sus centros cívicos, sus ciclistas por las aceras. De sus herriko-garitos y su Corte Inglés. De su Misa de domingo en parroquia moderna con notable retablo barroco y un paso de la Cena de Olot listo para procesionar.

Vitoria fue el campamento base, donde fuimos llegando los expedicionarios. Mercedes y yo, los primeros. De anochecida el tándem procedente de Zaragoza, Tere y Gonzalo. De noche cerrada, porque se les antojó dar un garbeo por Burgos, los cuatro jinetes del Apocalipsis: Miguel, Fer, Rodi y Omar. Porque cualquier diferencia de lo ocurrido con el Apocalipsis es simple coincidencia. Secreto de sumario... pero hay fotos, vídeos, y hasta pruebas periciales de cuyo contenido no quiero acordarme. Menciono los pecadores pero no los pecados. (Vale, chicos, yo también soy apocalíptico por momentos...).

Teniendo San Sebastián a una hora, el sábado se lo teníamos que dedicar a La Concha y a Ondarreta, al "Peine de los vientos" y al Kursaal. A las calles elegantes de una ciudad elegante. A su Salamanka pasealekua en la desembocadura del Urumea. A los pinchos más caros de la historia en un casco antiguo ambientado por la animosa (y engullidora) afición del Éibar que esa tarde jugaba contra la Real en Anoeta. Me queda la espina clavada de no haber situado Atocha: para la segunda visita.

El regreso desde Donosti hasta la pensión Amaia merecería no una entrada, sino una denuncia al Defensor del Pueblo: ¡con menuda travesía nos obsequió el GonzaloPS! Aquello era la etapa reina de la Vuelta al País Vasco. ¡Y con nocturnidad! Toboganes, curvas, revueltas, arcenes imaginarios... De tal manera, que una cama dura y una almohada incómoda nos hicieron exclamar: ¡hogar, dulce hogar!

Llegados al verdadero hogar no dejamos de recordar las incontables peripecias y, aun incontables, se las contamos a quienes nos faltaron allí, porque lo suyo hubiera sido titular... ¿Tienen mesa para veinte? El viento nos hubiera peinado a todos con su caricia vigorosa y caliente. Entonces, ya estamos tardando en maquinar la próxima escapada. El miércoles que viene, reunión de urgencia.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Mas polvo enamorado

Cuenta atrás. Prisas y nervios. Esqueletos de mesas abriéndose camino por las callejuelas de Zamora un Martes de Carnaval que al llegar a una nave de un polígono industrial de Salamanca ya se llaman armazones de carrozas en vigilia de Miércoles de Ceniza. Caperuces apuntando al cielo como apuntan al cielo los capuchones. Reuniones de última hora (eso siempre) e improvisaciones por doquier (ah, la tradición). Palabras y obras. Cuaresma teórica y casi anti-Cuaresma práctica. Apenas silencio. Demasiado ruido, también de sables. Placer perdido, que se escurre entre los dedos. La Semana Santa. Otra Semana Santa. Los otros. Nosotros.

Serán ceniza, mas tendrá sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado.

Seremos.

lunes, 4 de febrero de 2008

Esa cosa llamada libertad

No iba a decir nada sobre la gala de entrega de los premios Goya, concedidos por la Academia del Cine para reconocer lo bueno que en este campo se haya hecho en España durante 2007. Años atrás iba yo más al cine, pero lo tengo, más que nada por pereza, algo abandonado. Contadas películas me llevan a la pantalla grande, y más de la mitad españolas. Pocas no obstante. Muy pocas. Y no me llama la atención la gala. Desde aquel año en que fue un mitín político, además me despierta cierto recelo, por aquello de la doble vara de medir. Libres somos todos de opinar, pero ciertas opiniones se desautorizan cuando pecan de incoherencia. Entonces, para leer cine remito a Preguntas y Flores y a Los cristales de los otros en mi elenco de buenas gentes. Por mi parte, no me resisto a comentar una frase del premiado con el Goya al mejor actor protagonista, Alberto San Juan. Dedica el premio, entre otras muchas personas, "a la disolución definitiva de esa cosa llamada Conferencia Episcopal". ¡Viva la libertad! No sé si habrá leido como yo la nota de la CEE ante las elecciones generales de marzo, pero sí parece que no acostumbra a guiarse por el magisterio de los obispos, luego no comprendo sus ganas de que se disuelva su órgano colegial. Yo no frecuento los espectáculos de su grupo de teatro y no por ello reclamo su desaparición. Tampoco atiendo a las directrices de ningún partido político y con esto no lucho por la supresión de los mismos. Pero claro, la Iglesia es otra historia, es la enemiga del "progreso", la causa de todos los males que en el mundo han sido.

La nota episcopal es más de lo mismo: doctrina eclesial consolidada. No chirría un ápice al compararla con el capítulo IV de la Gaudium et spes. Los ánimos sin duda están encrespados y cualquier agente externo al mitín, a la propaganda, a la dialéctica política que se sirve siempre del mismo lenguaje, en uno y otro lado del manido espectro "derecha e izquierda", escuece y molesta. Poco importa que la nota aspire a que "nadie se sienta amenazado" o que pretenda no ser vista como un "peligro para la libertad de los demás". Los destinatarios son claros: los católicos y los que quieran escuchar a los obispos. Escuchar. Acoger una propuesta que nunca es imposición. Exaltando siempre la sagrada libertad de los hijos de Dios del capítulo V de la carta a los Gálatas. Si en una nación que se dice democrática los jerarcas de una confesión no pueden dirigirse a los fieles, siempre que no les estén llamando a contravenir los principios constitucionales, los derechos de la persona, ¿dónde queda la libertad religiosa? Perdida entre las brumas, difusa como tantas otras verdades establecidas. Si además se excluyen del debate electoral las distintas actitudes que el candidato que nos pide el sufragio va a tomar sobre todos los temas relevantes del gobierno de la nación, por ejemplo la postura ante el terrorismo, ¿cómo podremos votar en conciencia? A esto apela la nota. A la conciencia. Que el creyente hallará en el regalo de la fe en Dios y su Iglesia y el no creyente en sus principios morales tan respetables como los del creyente. Para este viaje de libertad no hacen falta las alforjas de ninguna disolución.

viernes, 1 de febrero de 2008

Extrañas compañeras de cama

Dice el refrán británico que "la política hace extraños compañeros de cama". Y es ella la que a veces se acuesta, en extraño maridaje, con la Medicina. Rara vez no tuerzo el gesto al escuchar a un político hablar de medicina o a un médico enfangarse en política. Últimamente han sido varias mis muecas de desaprobación. Desde la radicalidad, acaso un punto irracional, de la previa toma de posición, pero también desde la ilusión por hacer camino en el que he elegido como mi camino, me niego a verlas compartiendo lecho.

El pasado 23 de junio dediqué una entrada, "Odiosos médicos como dioses", al conflicto legal suscitado en el servicio de urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés. Anteayer leí la sentencia del juez después de que el doctor Montes apelara, y ha decretado que eliminen toda alusión a una posible mala praxis que dejaba caer la primera sentencia: no era condenado por ello, pero aparecía en el texto. O sea, que ordena se lave el nombre de Montes de algún modo. Por si lo tenía manchado. Para algunas personas sí. Para otras, es un héroe, mártir de la Sanidad pública frente a la política privatizadora de Esperanza Aguirre. Pues será el mártir de la oposición política, porque de la profesión médica me niego a que pueda serlo. Nunca sabremos si su proliferación de sedaciones en las propias camas de urgencias fue causa directa de que en ese servicio muriesen tantos; no se practicaron autopsias que arrojarían luz al respecto. El hecho es que las tasas de mortalidad del servicio superaban en mucho las de otros hospitales, y la del propio Severo Ochoa tras el cese de Montes. Si hubo mala praxis, según los informes periciales pudo haberla. Unos lo afirman, otros lo desmienten. El primer juez, según el segundo, no los valoró o dispuso de acuerdo a lo establecido, así que los defectos de forma invalidan su alusión a la mala praxis: in dubio pro reo. Correcto. Creo en la Justicia, o más bien espero en ella, así que bien está la sentencia. Sobre el caso, sensu stricto, poco han aportado. Tan concluyentes como la del 11-M: cero al cociente y bajo la cifra siguiente (salvo los ceros a la derecha para la esposa del juez Bermúdez, claro). Siempre los muertos de Leganés pagando el pato. Unos se inmolaron por la causa y a otros les adelantaron la llegada a destino de un viaje que ya habían emprendido.

Y como siempre, tras cada sentencia, como tras cada escrutinio electoral, la lluvia torrencial que hace dudar de la consistencia de ese paraguas llamado democracia. Se han sucedido las declaraciones, los manifiestos, los trastos a las cabezas ajenas. Porque uno no se terminó de aclarar en verano cuando el ministro de Sanidad, Bernat Soria, médico para más INRI, no tuvo reparo en afirmar que "la medicina de izquierdas cura más que la de derechas" (ciertamente me impactó) y ahora interpreto que "medicina de izquierdas" es la de Montes y "medicina de derechas" la de Esperanza Aguirre. Que la primera aboga por mantener la universalidad de la atención a cargo del Estado íntegramente mientras la segunda coquetea con las compañías aseguradoras. Entonces me quedo con la primera si el coqueteo de la segunda resta recursos y deja de cubrir necesidades. Hace poco asentí con un sincero amén la entrada dedicada por Vitote a esta cuestión, seguramente desde una postura ideológica bastante distante de la mía:

http://apracticas.blogspot.com/2008/01/mi-conspiranoiquitis.html.

Aventuro también, o mejor dicho afirmo sin dudarlo, que la primera, o sus más atrevidos representantes, no hace ascos a abrir el debate sobre la eutanasia activa y a seguir despenalizando el aborto, al que otorga erróneamente la categoría de derecho, pero me temo que la segunda no hará nada por invertir este rumbo lamentable que cada año multiplica las muertes de los no nacidos en España, holocausto silencioso y terrible. No me pongo apocalíptico ni talibán. Las cifras son las que son. Para ellos no existen derechos humanos y humanos son. Así, ¿medicina de izquierdas o de derechas? ¡Medicina! Que no la apelliden con esta desgraciada dicotomía. Un arte de tantos siglos, una profesión tan regulada por sus colegios profesionales, no puede ser llevada al debate político. Hágase política sanitaria pero guárdese de intervenir el acto médico, como ha de excluirse del mismo la creencia religiosa. La objeción de conciencia nos libera de dramas interiores, o lo procura, pues son inevitables. Que lo social no eclipse a lo moral, cuando precisamente ha de nacer aquello de esto. Que no me vuelvan a hablar de medicina progresista o conservadora, porque me están mintiendo. Porque me da que no existe. ¿O se lo enseñarían al ministro Soria en su facultad?

martes, 29 de enero de 2008

Chocolate con churros

Chocolate con churros. Ch & Ch. La tantas veces desterrada: A, B, C, D, E... Pero la Ch existe, como Teruel, como los Reyes Magos. Como la Ll. Dígrafos que siguen en el abecedario, aunque a menudo los diccionarios los asimilen a la C y a la L, por esas convenciones de los congresos y los académicos.


Negro y amarillos. Líquido y sólidos. Cacao con azúcar y frutas de sartén. Ch & Ch. Inseparables, como Mauri y Maguregui, como Timoteo y Tito.

Me saben a mañanas en que amanezco entre las dos rayas. Lo que llamo volapié termina siendo siempre estocada al encuentro. Al encuentro con el churro achocolatado de la madrugada y del capricho, que me visita en la cama para cumplir la tradición. Me saben a la Puerta de Zamora cuando echábamos más leña al fuego de agosto. A una nochevieja en la Gran Vía, que ya era Año Nuevo de flores de papel y ya es poema escrito en papel mojado. Borrándose como se borran los amores: sin querer. Me saben a cuatro tazas en la vallisoletana Platerías, a dos en la salmantina Libreros. A cinco tazas cerca del cielo para seguir acudiendo los sábados desde todos los puntos cardinales. Me saben a la casa de los abuelos, porque nada había como el chocolate de los domingos y las personas mayores hablando de cosas de personas mayores. A las mañanas de Ramos, cuando entre la Misa y la Junta los azules ponemos al chocolate y a los churros como pretexto para compartir mesa y berretes. Me saben al día en que no nos salvamos de la quema y a la noche, cualquier noche, bajo los efectos de Ch & Ch.

viernes, 25 de enero de 2008

Cuando se echa de menos al fabricante de flores

Es como si el frío llamase a la puerta, no le abrieran, viese una rendija y decidiera no colarse por ella. O como si el frío se hubiera puesto una venda en los ojos para no ver rendijas por donde tener la tentación de colarse. O como si no hubiese puerta a la que llamar, o los nudillos se hubieran desgastado de tanta impaciencia, de tanta obediencia, ahogados por tanta soledad... Y se hubiera agotado la voz, consumida hasta la afonía, quebrada y rota hasta el silencio.

"Mañana le abriremos", respondía, para lo mismo responder mañana.
Es como si allí, de la nada, brotase todo. De la tierra que vino del frío surge el calor de la flor que enciende las noches, hasta quemar la mano que mece los pensamientos. Es ayer detenido, demasiado lejano para estar tan cerca; mañana por venir con buenas nuevas, con nuevas manos. Porque todos las echamos de menos, es verdad. Porque hoy he puesto cara al lugar de los hechos, al nido donde se acurrucaba aquella noche de autos el hombre que susurraba a las petunias. He admirado su esfuerzo, su ímpetu y el fruto de su trabajo. He estrechado sus manos de barro y las he echado de menos por aquí. En esta Fábrica de Sueños edificada sobre los cimientos de su Fábrica de Flores, asentada en el firme basamento de su poesía de barros y noches, de esquinas para el adiós y escritos en la piel. Manos obreras las suyas. Manos amigas que siempre gustaré de hacer una sola cosa con las mías. Para saberlas próximas al filo de medianoche, de una medianocha amarga en que escuchar era acariciar. Para chocarlas celebrando ese gol azul que después será ingrediente de su ansiada crónica futbolera y semilla de victoria. Para que rubriquen mis palabras como yo firmo debajo de las suyas. Concordes y unánimes. Todos por igual fabricando las flores más hermosas para el día de su regreso, cuando haremos fiesta en la Fábrica.

martes, 22 de enero de 2008

Ginkgo biloba

Reino Plantae. División Ginkgophyta. Clase Gingkoopsida. Orden Ginkgoales. Familia Ginkgoaceae. Género Ginkgo. Especie G. biloba. La taxonomía pone de manifiesto lo solo en el mundo que se encuentra este árbol, sin parientes conocidos. Los Magos se lo echaron a papá y esta tarde fuimos a abrir el regalo, que por razones obvias no amaneció en el salón de casa el día 6. Sabias que son Sus Majestades.

Más alto que yo. El tutor, para enderezar su camino, mirando al norte. Piedras para drenar. Primeras aguas y segundas tierras. Un chico nuevo en la clase al que han dado la bienvenida perales y manzanos, almendros y cerezos, las higueras, los olivos, el fresno desnudo que disputaba en belleza con el crepúsculo de invierno, cuando la luna se acababa de llenar y daban ganas de recortarla del cielo. El nogal que puso el bisabuelo Modesto y el ginkgo que hemos plantado nosotros con su venia asomando entre sus ramas. A su cobijo. Soñando la sombra que será, en la sana rivalidad del viejo Juglans regia con este muchacho recién llegado, solo en el mundo, ya uno más en la huerta. Cuentan que es todo un superviviente. Los árboles mueren de pie, como en la obra de Casona, pero éste dicen que de pie siguió viviendo cerca, muy cerca, del lugar donde la bomba atómica hizo estragos en Hiroshima. Se non è vero è ben trovato. La carga de muerte arrojada desde el Enola Gay aquel 6 de agosto de 1945 no hizo mella en el ginkgo, pero tengo para mí que detuvo su savia un instante, como si hubiese contenido la respiración y luego decidido que la mejor respuesta al odio es el amor, a la muerte seguir viviendo, solo en el mundo pero libre. De pie. Aunque se necesiten tutores y primeras aguas. Todos los necesitamos. Todos necesitamos fábricas de sueños edificadas al lado de las fábricas de flores, de la frondosidad de las mentes humanas, a veces tan silvestres, y no pocas tan desconcertantes. Bosques tan tupidos que nos duelen, nos pierden. Bosques que nos impiden ver el árbol, el sueño, la flor. Troncos con dos ramas más otra que suman tres: ¡no es tiempo de poda! Es tiempo de belleza en el campo, de copas vacías para llenarlas de primavera. Para seguir salvando el mundo a estas horas de la noche. ¡Y contarlo!

domingo, 20 de enero de 2008

Cambio de tercio

Parecía que no iba a llegar y ya es agua pasada la D de día esperado. Cosa de ayer. Una razón nueva que fortalece la idea de que todo pasa y todo queda. Y lo mío, lo nuestro de Rafa, de Mercedes, de tantos otros, ha sido pasar el trance de ese 19-E marcado meses atrás en el calendario con tinta todavía lejana: ¿MIR? ¡Paso palabra! Siempre había motivos para alargar el descafeinado con pincho de tortilla (con o sin pimiento) en Caballerizas cada mañana, para eternizar el paseo por el claustro barroco de la Ponti cada tarde, y quizá cruzarme con Alberto por enésima vez. Quedaba lejos el 19-E y ahora me queda tan lejos que, siendo cercano, es pasado. Hace escasas horas me afanaba con el tratamiento de las infecciones, con esa cardiología a la que eché pocos vistazos, con las preguntas de estadística que ante todo me hicieron preguntarme por qué la T de Student o la F de Snedecor se interponen entre mis pacientes y yo. Hasta 260 casos por resolver, y aún queda la pregunta 261, la de la elección de plaza, cuando abril ya apunte a mayo. Aunque a ésa ya sé qué respuesta quiero darle. Han sido cinco horas sin Mario, pero con una marejada que más bien parecía mar gruesa. Todo pasa y todo queda. Cinco horas para ir pidiendo al palco el pañuelo blanco del cambio de tercio. La música de clarines y timbales nos suena a todos a gloria bendita de relajaciones y alivios, aunque no hayan sido éstos los peores meses de nuestras vidas, ni muchísimo menos. Han servido para hacer la peña del Fondo Sur en las clases del Colegio de Médicos, para que los miércoles ganen una adepta y las campurrianas de madrugada un invitado, para que las ermitas se llenen de inquilinos (mucha niña mona pero ninguna sola) y las noches se vacíen de soledad. Todo pasa y todo queda. Pasó el 19-E y me queda la palabra oportuna, que es tan suya como mía, y además fue la primera: tras mi tempestad, su calma. Me guardo también la tradicional estación en el Avelino para comentar la jugada, los consejos que nos da Esculapio y un regalo en forma de sueño fabricado al calor de la amistad. Todo pasa y todo queda. Pido el cambio de tercio pero conservo como oro en paño este 19-E en que me he sentido tan querido. Llamadas, mensajes, correos... como si fuera mi cumpleaños. Oraciones y velas encendidas. Buenos deseos revoloteando por el aula 3, la Sisinio de Castro, y es que esta tarde jugábamos en casa. Y en casa me dejaron. A la misma puerta. Llamando a la puerta de las vacaciones.

viernes, 11 de enero de 2008

El himno sin letra y las letras de los himnos

Mucho se ha escrito en los últimos meses acerca de la inexistente letra del Himno Nacional, puesto que desde el Comité Olímpico Español se han propuesto llenar este vacío. Al parecer por iniciativa de algunos deportistas que ven cómo sus triunfos no pueden ser cantados cuando suena el Himno en su honor. Y si quedan segundos, el campeón húngaro, brasileño o australiano sí puede bisbisear o desgañitarse tomando por texto la canción nacional. Multitudinario concurso de ideas, jurado y tenor dispuestos, políticos pillados en fuera de juego... Ingredientes para que el 21 se presente la letra elegida, que imagino después será sometida al criterio de las Cortes. Si comienza a gozar del cariño popular ya se habrá hecho una sola cosa con la hermosa Marcha de Granaderos. Lo dudo, pero a mí no me resulta una necesidad, y menos si el argumento nace y muere en las ceremonias deportivas, que tienen su propia liturgia. Las victorias españolas siempre han sido de versión instrumental, más solemnes, más victorias. Como los izados de bandera. ABC adelanta el texto escogido. Se da un aire al de Pemán en algunos fragmentos: ¡Viva España!, cantemos todos juntos con distinta voz y un solo corazón... La Patria sabe en los dos, entonces seguir sobre el azul del mar el caminar del sol, y ahora abrazar bajo su cielo azul pueblos en libertad. Habla de verdes valles, de inmenso mar, de un himno de hermandad. Muy asonante. El 21 veremos si la primicia de ABC se confirma.

Siempre me han interesado mucho los himnos, letras y músicas. Su encanto, más allá de la calidad artística, es indudable. La Marsellesa, que en esta pintura canta por vez primera Roger de Lisle, llegó hasta Casablanca o nos emocionó a todos cuando en Colombes se estaba eligiendo entre Evasión o victoria (¡y Stallone paró el penalty!). Pero tienen su lugar y su momento. El de España en España se limita a los cuarteles, a los podios deportivos, a los protocolos si es estrictamente necesario, a algunas procesiones. Imagino que tampoco se abusa de los diversos himnos autonómicos, pero sí me llaman la atención algunas de sus letras. Afirmaciones convenientemente escoltadas por signos de admiración en estas estrofas nacionalistas provocarían el grito en el cielo si fuesen letra del Himno Nacional, aunque me temo que ya habrá polémica para dar y tomar con esta letra avanzada por ABC. Así, en el catalán se repite una y otra vez lo del célebre bon cop de falç, golpe de hoz que los segadores asestan a diestro, siniestro y castellano invasor. El País Vasco tiene un himno sin letra, Abendaren ereserkia (se desechó el Gernikako arbola), por lo que se cantan el Gora ta gora de Sabino Arana y el Eusko gudariak: confesional a más no poder el uno, belicista como pocos el otro. El gallego exalta la "nación del Breogán" y deja claro que los buenos y generosos nuestra voz entienden, y con arrobo atienden nuestro ronco sonido, pero sólo los ignorantes, los fieros y duros, imbéciles y oscuros no nos entienden, no. Pues vale. Algunos otros nacen de amor a la patria chica pero sin anhelos independentistas, como el de Andalucía o la Comunidad Valenciana, o el de León, o el de Palencia, o el de Carrión de los Condes... Madrid cuenta con una letra del zamorano García Calvo que me pregunto si algún madrileño conocerá por completo (ya no digo cantarla). A Zamora le basta Thalberg y a Ciudad Rodrigo la campana gorda que en la torre colocaron de la Catedral... Salamanca tampoco tiene, pero hacen las veces el pasodoble de Farina y nuestro folklore charro, de carboneritos que van y vienen. Con eso basta, con ir y venir, y cantarle a la tierra cantándole a los de la tierra, haciendo un himno de cada conversación.
¿Cómo quieres que tenga la cara blanca
siendo carbonerito de Salamanca?

lunes, 7 de enero de 2008

Fiesta pero no de guardar

Hace unos minutos compartíamos Rafa y yo que fiestas como la de hoy (ni recordaba él que era festivo) no vienen muy a cuento. Les vale a los estudiantes para hacer esos deberes aparcados sine die durante las vacaciones a sabiendas de que llegaría el die e iba a ser hoy. También a los maestros alivia el duro regreso a las aulas. Pero para el resto de los mortales no significa más que el "enlunesamiento" de un martes hasta conseguir definitivamente que la cuesta de enero amenace con una pendiente que ni el Angliru. Nos desayunaremos con los restos del Roscón y apartaremos los ojos cuando San José, la Virgen y el Niño vuelvan a sus envoltorios cotidianos: para ellos también han terminado las vacaciones y nos los llevamos del salón al trastero. ¡Miserables que somos!

Pero esto no son ritos de día de fiesta: no hay Misa solemne, no hay desfile ni "manifa", no hay Liga ni merienda en el campo. Un lunes como otro al que privilegiamos con el rojo en el calendario, como lo haremos al 13 de octubre, cuando ni siquiera tendremos restos de Roscón que llevarnos a la boca. Entonces quizá tengamos guardia de puerta en algún hospital de alguna ciudad de los contornos. De esto también hemos hablado Rafa y yo hace un rato. De que nos hacemos mayores y hasta nos quejamos de los días de fiesta. Será porque hemos llegado a un momento en que todos los días se nos parecen demasiado y ardemos en deseos de que amanezca el 20 de enero: domingo y, por lo tanto, fiesta de guardar. Como cuando hay Misa en la Vera Cruz y juega la Unión en el Helmántico.