domingo, 31 de agosto de 2008

El sueño de otra noche de verano

Otro verano, pero la misma noche que habita en sus sonrisas. Las mismas brasas ardiendo bajo el mismo cielo, salpicando del mismo calor la noche de otro verano, hijo de aquel primer verano, del primero entre los veranos que en el tiempo han sido. Sueño que algunos días sin nombre fui feliz y ahora le pongo nombre a los días para serlo siempre, para hacer de cada noche de verano un sueño interminable más allá del alba, cuando me abrase los pies bajo las estrellas... e incluso hemos confirmado que a orillas del mar se veía esta noche la misma luna. Este verano sigue ardiendo sin consumirse. El bolígrafo siempre dispuesto para escribir cartas, muchas cartas, reservando las mayúsculas para la rúbrica en clave de mediodía, en forma de un mismo nombre con muchos días de fiesta. Sigue alentando con entusiasmo los primeros pasos de la carrera. Pasó el 19-E y me queda la palabra oportuna, que es tan suya como mía, y además fue la primera: tras mi tempestad, su calma. Sigue admirándose a fuerza de unísonos y complicidades. Ángel al que mirar para rezar las esquinitas de una noche santa y buena, cuando la sonrisa es el mejor dibujo. Cuando los dibujos no tienen título pero los días se vuelven siameses. Sigue mirando a las paredes desnudas de un hogar en construcción y las viste con la fe y la esperanza que sólo brotan del amor sincero, a la sombra de los sauces de abril y al sol de los lunes de julio. Sueña el verano, el mismo verano, con más noches que recorrer soñando y con más sorpresas que esconder en segundos y terceros cajones. Sueña con nuevos destinos y viejos sabores (¿"stratiaccella"?) mientras coloca una tras otra, hasta veintitantas, las velas del pastel. La misma tarta para los mismos sueños compartidos. Sí, claro. Desde la víspera, ¡felicidades!

viernes, 29 de agosto de 2008

Hemos vuelto

Chanzas más o menos ocurrentes, chistes fáciles, alusiones a sufrimiento crónico o masoquismo absurdo, sorpresa no disimulada, valoración de un curioso exotismo... Todas ellas son reacciones típicas cuando un atlético confiesa su atletismo, lo que hace siempre que es preguntado acerca de su querencia futbolística o en cuanto surge la ocasión, porque ser del Atleti nos "llena de orgullo y satisfacción", que dicen los imitadores de Su Majestad. "Primero de la Unión, y luego del Atleti". El caso es que anoche, a estas horas, no hacía mucho que Rubén, compañero de fatigas (¿fatigas?, más bien de chascarrillos) en la guardia de Urgencias, me había seleccionado la página del teletexto donde se anunciaba la buena nueva de que el Atleti se había clasificado para la Liga de Campeones. El bueno de Rubén hasta me hizo la "proposición deshonesta" de "tatuar" en plena exploración dermatológica la mágica cifra de la victoria capicúa y rotunda en el Manzanares: 4-0 al Schalke 04, los alemanes de esa ciudad tan difícil de escribir y no quiero ni imaginar de pronunciar, Gelsenkirchen. Allí estaban Miguel, Omar y Carlos, y de ellos tuve noticia, como la tuve de quien aprecia la esencia de los colchoneros y no quiere que la perdamos a base de goles, como la tuve también de alguien que cada vez que juega el Atleti se acuerda de mí por mucho tiempo que pase sin vernos... No falló el equipo anoche a su afición alegre y sufrida y, ya que la obligación me retuvo en el hospital esta vez, Agüero y compañía me dejaron abierta la puerta de la devoción para volver al Manzanares un martes o un miércoles del otoño con la esperanza de que Roma, la ciudad eterna, acoja en la primavera al Atlético de Madrid, eternamente grande, cuando la final de la Copa de Europa. Porque hemos vuelto para ganarla.

lunes, 25 de agosto de 2008

17 días en Pekín

Haberme quedado al fructuso intento de Anselma de ponerle en su sitio la mandíbula a una anciana bostezadora ha terminado de un plumazo con mi riesgo de bostezos post-guardia, así que he optado por desayunarme con ciruelas, rehuir las sábanas y darme un garbeo por Pequeñas Cosas y Triviajeros, ¡grandes hallazgos de madrugada! De fondo, la radio, ya huérfana de esos boletines en que no faltaba la coletilla de "nos vamos a Pekín, conectamos con nuestros enviados especiales", y era entonces cuando nos contaban si habían pasado los judokas a los combates por las medallas, si las chicas del hockey seguían dándolo todo o si algún corredor, saltador o lanzador lograba la gesta de una clasificación para la final, que han sido pocos, pues no estaba El Nido hecho a la medida de nuestros atletas, o eso parece. Al fin y a la postre, España ha obtenido dieciocho medallas (una menos que hace cuatro años) y treinta y seis diplomas (en Atenas fueron quince más). No he seguido estos Juegos tan en directo como los anteriores, un poco por la diferencia horaria y un mucho porque ya no soy estudiante, pero entre paciente y paciente en la consulta hubo tiempo para entrar en marca.com o poner un rato el waterpolo en la tele del Parada del Molino (nos la liaron los serbios, snif). Con todo, varias imágenes y sonidos para atesorar: las paladas vencedoras de los policías nacionales Craviotto y Pérez, las puntuaciones sucesivas de Leire Olaberría, los raquetazos soberbios de Nadal, las estirpes de Tarrasa con sus sticks sobre la hierba (los Amat suman veinte participaciones olímpicas), el susto en el cuerpo de los americanos cuando Navarro decidió que para tirar bombas ya estaba él. Unos Juegos que han puesto la careta amable a una dictadura triste como la china y como todas. Que han servido el debate acerca de la corona de rey (Usain Bolt, el hombre más rápido de la Tierra, vs. Michael Phelps, el hombre más laureado de la historia olímpica: eso sí, en los 100 mariposa, aunque le pese a alguna que yo me sé, Cavic puso antes la mano aunque la pusiera mal). Que han establecido el libre intercambio de embarcaciones y/o tripulantes entre la marina croata y la danesa para desgracia de Iker y Xabi, que no son Casillas y Alonso pero son muy buenos; terribles peligros se ciernen sobre nosotros desde el Báltico y el Adriático, ¡ay!, y definitivamente algo huele a podrido en Dinamarca... ¡y en el COI sobre todo, claro! Unos Juegos que han dejado con ganas de más a colosos como David Cal, Gervasio Deferr, Gómez Noya, Alberto Contador o Marta Domínguez y que han sabido a guinda de gloria para los no menos colosales Barrufet, Llaneras, García Bragado o Almudena Cid. Unos Juegos por amor a Susan, que no se apaga con el fuego del pebetero pekinés ni se desvanece con el arriado de la bandera blanca de los cinco aros, plegada por los marciales soldados chinos a la espera de ser izada en Londres cuando en el verano de 2012, Dios mediante, yo esté comenzando otra nueva etapa y se esté cerrando otro ciclo olímpico. ¡Cómo voy a extrañar estos días esas conexiones "con nuestros enviados especiales"! Es que la Liga... no es lo mismo.

sábado, 16 de agosto de 2008

"Al Cielo vais, Señora..."

"... y allá os reciben con alegre canto. ¡Oh, quién pudiera ahora asirse a vuestro manto para subir con Vos al monte santo!". Fray Luis de León versa como nadie la glorificación de María, que es llevada de su sueño terreno a la gloria celeste, bóveda azul que emula el dosel del zamorano convento del Corpus Christi. De allí vengo ahora. Allí he gozado de un pausado y devoto Rosario, de la Misa de acción de gracias tras el novenario en honor de la Virgen del Tránsito, de la Salve entonada tras la verja de una clarisa clausura y de la veneración de las sandalias de María, huellas de su paso terreno, esperanzas ciertas de su eternidad celeste. "De ángeles sois llevada, de quien servida sois desde la cuna, de estrellas coronada: ¡Tal Reina habrá ninguna, pues os calza los pies la blanca luna!". En su dormida realeza, en su corona de sol que son todas las estrellas, en su corte de ángeles y su descalza humildad premiada con pedestal de luna, María me ha tomado de la mano para sentirme como en casa en su Casa. Ella, Arca de la Nueva Alianza, Casa de Oro, Puerta del Cielo, ha sido la anfitriona de mi bautizo zamorano. Porque esta tarde he participado de una tradición de este pueblo, y la he reconocido mía gracias a los lazos estrechos de la fe común que no considera extraño o forastero a ninguno de los hijos de María. Ha sido el beso de la sandalia como la adopción y el abrazo que ya prepararon por largo tiempo las ilusiones del nuevo camino y las bondades de la amistad. "Volved los blandos ojos, ave preciosa, sola, humilde y nueva, a este valle de abrojos, que tales flores lleva, do suspirando están los hijos de Eva". La Madre me ha acogido bajo el manto inmenso de su azul dosel y conmigo a cuantos sufren, a cuantos suspiran, a cuantos lloran, a los que peregrinamos en Zamora con el tránsito en el horizonte, ansiosos por gozar de la presencia del Padre en la Jerusalén del Cielo siguiendo en el mar la estela de sus sandalias. De su efímero sepulcro, que como espejo reflejó la mirada del Altísimo, nacen para siempre flores de amor y paz, deleite de la Humanidad entera, árboles de vida a imagen de la Cruz. "Que, si con clara vista miráis las almas tristes deste suelo, con propiedad no vista las subiréis de un vuelo, como piedra de imán, al Cielo, al Cielo".

domingo, 10 de agosto de 2008

Esgrimiendo, que es gerundio

Son tan grandes los Juegos Olímpicos que a muchos nos han tenido pendientes del televisor, antes o después de la comida familiar del domingo, para seguir el duelo que ha enfrentado al español Abajo y al húngaro Boczko en disputa por la medalla de bronce de la competición de espada, la que mejor entronca con la esgrima clásica, único deporte olímpico de origen español y que, paradójicamente, hasta hace un rato no había otorgado ninguna presea a nuestro equipo olímpico. Abajo se ha encargado, con su arrojo y determinación, de enmendar esta carencia a lo grande, pues su bronce es la medalla número cien de España en la historia olímpica. Casi ninguno de los españolitos que nos hemos acomodado para practicar el deporte dominical del sillón-ball conocemos si en espada se puede tocar todo el cuerpo del rival, si el sable es de esta manera o aquella o quién es el campeón nacional de florete, pero dejarse llevar por la emoción es lo mejor en estos casos. Por mi parte, además, he confiado en el mismo sillón desde el que disfruté los oros de Fermín Cacho en Montjuic y la selección de fútbol, que inundó el Nou Camp de banderas nacionales, aquella dorada noche barcelonesa del 8 de agosto de 1992. El sillón talismán del salón de los abuelos y el genial espadachín Abajo no me han fallado, así que puedo echarme tranquilo la siesta, terapia indicada tras guardias de veinticuatro horas en las urgencias del hospital. Esta noche (¿o ya había amanecido?) tomé la alternativa con los trastos de suturar, pero tengo la ligera impresión de que no cosí heridas por espada, sino por causa mucho más barriobajera y menos caballerosa. Siempre nos quedarán las Olimpíadas para reencontrar el sabor romántico de inocuos duelos a espada que tiñan de bronce, plata y oro los veranos. Sesteando, que es domingo.

jueves, 7 de agosto de 2008

Burgundófora Cancionila y compañeros mártires

No era la primera vez que tenía noticia de ello pero ha vuelto a despertar mi curiosidad cómo en un pueblecito de la provincia de Burgos, Huerta de Rey, cerca del cañón del Río Lobos y en pleno camino del destierro del Cid, lo de los nombres de pila es materia de la que se ocupan radios, periódicos y televisiones en estos programas y reportajes veraniegos que siempre miran a la España profunda para recordarnos que sigue existiendo o simplemente para rellenar minutos de emisión o páginas que engorden un poco la mermada edición agosteña. En Huerta de Rey no celebran Nocheviejas extemporáneas, ni bous a la mar, ni pintorescas batallas, ni concursos absurdos... ni ha ocurrido ninguna tragedia, que es el género favorito. Estos paisanos burgaleses han programado para el sábado el Primer Encuentro Internacional de Nombres... raros. Están invitados a participar todos aquellos cuyo nombre de pila no figure entre los cien más comunes registrados en el INE. Por ejemplo, Burgundófora Cancionila, Sira Auda o Digna Marciana, regiohuertanas todas ellas (si no me equivoco al inventarme el gentilicio, que ya puestos...). Más ejemplos masculinos: Austrocleciano, Filogonio, Especioso... El caso es que este fin de semana piensan acoger en su pueblo a personas que ostenten nombres como los suyos, compartir una Misa en la ermita por los difuntos (sin mencionarlos en el memento, imagino), acreditar la reunión para que sea incluida en el Libro Guinness de los records y comer y bailar juntos festejando sus nombres y las alegrías que les han dado. Porque les llegan cartas remitidas a "Hierónides, Valladolid" o les quitan multas, como le ocurrió a Firmo: los agentes pensaron que se estaba quedando con ellos cuando le indicaron que firmase y firmó... "Firmo". Compensaron la desconfianza con la indulgencia cuando se comprobó que aquello no era desacato a la autoridad. Precisamente fue burocrático el origen de la tradición antroponímica de Huerta de Rey. Hubo un secretario municipal, Adolfo Moreno, que ejerció las labores del registro civil en el pueblo nada menos que entre 1890 y 1930. Tras algún quebradero de cabeza producido en transmisión de herencias, contratos, llamadas a filas... porque eran diez los Antonio Rica o catorce los Juan Molinero, se le ocurrió incitar a los padres a adoptar para sus hijos el nombre del santo del día, pero no el primero o más conocido, sino esos que están perdidos en el Martirologio Romano, aparcados en la cuarta fila de la quinta persecución. Así que el señor secretario recibía al padre, con la madre aún convaleciente, y le dejaba caer que "donde esté Evilasio se quite Francisco" o le insinuaba todo convencido que "la niña tiene una cara de Burgundófora Cancionila...", y a los pocos días, para gozo futuro del señor cartero, el señor párroco certificaba la "fechoría" con las aguas de cristianar. Don Adolfo sí que era un fánatico del nombre de los días... y predicó con el ejemplo, porque engendró a Ludovico Silvino o Wilfredo Tobías, entre otros. En fin, que si tienes hoy un niño deberías ponerle Carpóforo o Victricio y llevártelo el sábado a Huerta de Rey, que seguro lo sacan en la tele...

miércoles, 6 de agosto de 2008

Ocellum

Anoche me bebí a sorbos "una luna de Nacimiento" que rivalizaba en belleza con la torre de la Catedral. Descubrí el ábside escondido allí donde la noche se empina pero te sabes en casa porque maúlla el vecindario. Hice hueco en la pared para ese mapa de afinidades compartidas y me dejé guiar por el farol que sigue alumbrándome. Tracé en el calendario de agosto gigantes y devociones. Me moderé inmoderadamente por momentos. Y la seguí mirando con los mismos ojos pero me parecieron otros. Me resultó más hermosa, me olió a verano, me enamoró otro poco...

martes, 5 de agosto de 2008

Felices ochenta

6 de agosto de 1928. Fiesta mayor en Gajates, Tierra de Alba, donde nace el sexto hijo de Silverio y Matilde, los de la tienda del pueblo. Recordaba tía Visi, ya mocita entonces, que fue a la hora de la Misa o de la procesión cuando vino al mundo el benjamín, y al elegido José María añadieron delante el santo del día, la Transfiguración del Señor, que en Gajates se pronuncia el Salvador. Toda la Sagrada Familia en el mismo nombre, aunque en los autobuses urbanos siempre fue Blázquez y para los nietos Lolo José. Mañana cumple 80 y aunque él no se vaya a acercar a Gajates, yo sí pienso sorprenderle con una visita a Salamanca. Al subirme al autobús se me pasarán por la mente todas aquellas tardes en que mi juego era hacer de copiloto del abuelo en la línea 2, de Pizarrales a Cabrerizos, o en la 4, de Puente Ladrillo a Filiberto Villalobos, en el Pegaso nº 19 que mimaba con tanto esmero. No sé de juego más divertido. Al divisar los encinares pensaré por supuesto en nuestra encina, cuando mi anhelado veraneo consistía en dejar el pueblo para pasarlo con los abuelos en la ciudad, desde donde marchar de excursión casi todas las tardes a Gargabete y una de ellas visitar en Alba el sepulcro de la Santa, venerada Teresa. Al llegar a la estación echaré la vista atrás para recordar las historias más tristes que Lolo José y Lala Carmen no me ocultaban entre tantas buenas palabras, porque lo menos alegre también hay que conocerlo: la guerra incivil que vivieron siendo niños de escuela de pueblo, la emigración primero a la capital de la provincia y luego a Alemania, que les separó de sus hijos algunos años. Camino de su casa, que es tan mía, le imaginaré en Düsseldorf llevando a españoles y alemanes la alegría de una carta de las de antes, pues trabajaba en la Bundespost, o contemplando a abuela, la acordeonista de la fotografía, con esa sonrisa tan auténtica y las manos cruzadas por delante de la rodilla. Conduciendo por la carretera de Aldealengua o recogiendo viajeros en la Plaza del Mercado y La Tahona. De su mano a la Misa de los domingos en María Auxiliadora, donde me apadrinó el día del Bautismo y el de la Confirmación. De su mano también para ver la Borriquilla, el Descendimiento y el Encuentro, cuando hacerme cofrade era sólo una idea de futuro que él también alimentó sin serlo. Al pie del sufrimiento de abuela, aquel verano que tanto nos dolió. Le sabré desvelándose por mí y por todos los suyos, como acostumbra. No puedo sino estar con él un día tan feliz como mañana. Ochenta y los que quiera Dios. Gracias por quererme tanto, abuelo.

lunes, 4 de agosto de 2008

Abierto por vacaciones

Estos días nombrados no corren peligro de agostarse, de momento, porque a la manida pregunta "¿Y cuándo coges vacaciones?" respondo siempre "Es pronto, acabo de empezar... Para el otoño". Otoño que en las tardes más calurosas, justo en el ecuador del estío, nos suena todavía muy lejano a los sabedores de que a la mañana siguiente sonará la alarma más pronto que tarde. Por muy temprano que suene, el calor ya acompañará, sin remedio, el camino de rigor, y desde primera hora padeceremos las alertas amarillas, naranjas y de tonalidades varias en nuestras propias carnes. Mejor no pensar en el camino de vuelta a casa, a la hora de nona... Mejor imaginarnos chapoteando en la piscina de Mercedes o degustando un monumental arroz con cangrejos a la sombra del nogal, placeres que todavía no se nos hurtan a los esforzados trabajadores del verano. Mejor buscar la sombra, y por nuestro bien encontrarla cuanto antes: ¿por qué siempre el buzón que buscas para echar tu postal de veraneo zamorano está al sol que más calienta? Será porque así la misiva llevará la esencia del origen, que no es brisa marina ni frescor de la montaña, a sus destinos diversos: las costas de playas inmensas del Mediterráneo, las Rías Bajas ribeteadas por los bosques de eucalipto, la laguna de La Nava y sus aves por anillar, Las Navas y su palacio-castillo por visitar, el barrio de arriba y el de abajo en Brime de Sog, el Japón remotísimo de nuestras expediciones cada vez más frecuentes, la isla de la cana a su aire y la ensaimada para después de Misa, los temarios de la oposición que nunca llega, las obras de la casa que no acaban antes de la boda, las guardias que se amontonan y se superponen a las fiestas de los pueblos, el césped recién segado y el riego por goteo, un campo de petanca y un sofá para la siesta, parada y fonda. Hay tantos lugares donde mandar la postal del verano que compensa no lanzarse a por un buzón, inevitablemente al sol, y dejar abierta la estafeta. Abierta por vacaciones.

miércoles, 30 de julio de 2008

Terraza sin vistas

Dicen las estadísticas que suele ser más habitual en varones pero que las mujeres lo intentan más, y cada vez lo hacen con métodos más violentos y efectivos. Dicen también que al llegar la primavera, y hasta que declina el verano, se dan más casos, especialmente en las tardes y noches de los días intermedios de la semana. Por ejemplo, hoy miércoles, penúltima tarde de julio, desde una ventana de mi edificio, sin vistas a los encinares de febrero que contemplaron otro triste final. Porque siempre entristece que la mente humana revuelva tanto las entrañas como para que las manos, y los pies, y los sentidos, se asomen al vacío de la muerte sin esperanza. Suelo pensar que es sólo una equivocada desesperanza, rescatada a tiempo, quizá no de vivir pero sí de esperar, y creer, y amar por última vez como la vez primera. Lo pienso. Lo pensé entonces, cuando el invierno y las encinas, y lo he pensado ahora, cuando el verano y las vecinas haciendo corrillo en el portal, la policía indagando y los compañeros del 112 saludándome sin la prisa de la urgencia que no era, por desgracia. Quizá fue mi voz la última que escuchó, quizá fui el último en escuchar la suya, pidiendo asilo cerca de las nubes para besar en el suelo la muerte. Y se lo di, ¿qué iba a hacer si imaginaba para esa voz femenina y anciana el inocente olvido de una llave? ¿Cómo suponer que llevaba a cuestas la cruz de la desesperanza? Abrí la puerta y seguí a lo mío mientras ella siguió a lo suyo, sin hacer ruido. Sólo el golpe sordo que despertó de la modorra estival a los pisos bajos. Después, el timbre, las sirenas, los rumores, los suspiros. Pero eso no es ruido comparado con el silencio estruendoso y elocuente de un cuerpo muerto bajo una ventana abierta de par en par. Un premeditado final. Una meditación suicida. Un suicidio sin vistas. Un charco de sangre a la puerta de casa. Un recuadro en la sección de sucesos. Una vida que espero ya sea Vida para siempre.

viernes, 25 de julio de 2008

Fiestas de guardar (insisto)

Un año más, el 25 de julio va de negro y no de rojo en los calendarios. Al menos en los que rigen en Castilla y León, tierra que encamina por la ruta más tradicional a españoles y europeos que peregrinan hacia la tumba del Apóstol Santiago. Ya es sonrojante que una fecha sin connotaciones regionales, porque siempre fue tenida por día grande en todos los pueblos de España, marque ahora diferencias (como si tuviéramos pocas), pero que en nuestra comunidad autónoma, jacobea por los cuatro costados, no la celebremos como Dios manda clama al cielo. Haber realizado esta mañana la prueba teórica del permiso de conducir me ha eximido del trabajo, así que en cierto modo, fiesta ha sido para mí, pero chirría que la gente trabaje o se examine un día de Santiago. Más allá de su honda significación religiosa por ser la solemnidad litúrgica que hace memoria y actualiza el patronazgo del Apóstol sobre España, el 25 de julio viene a simbolizar la unión de España con Europa, pues cuando las distancias no resultaban tan salvables como hoy nos parecen eran muchos los peregrinos que, atraídos por el misterio de Compostela, surcaban nuestras tierras hispanas procedentes de la Vieja Europa.

Lo hacían en el siglo XII y lo siguen haciendo en el XXI. Con la mochila al hombro, la senda por delante y la vida detrás, ansiosos de hacerla nueva, de renovarla en el camino, confiados y sedientos. No por casualidad fue en Compostela, junto a Santiago, donde Juan Pablo II nos interpeló: "Europa, de nuevo sé tú misma, descubre tus orígenes, aviva tus raíces". Raíces brotadas de la Cruz, regadas con la sangre de Santiago y todos los mártires, y florecidas en ramas con afán universal, más allá de Finisterre. Orígenes comunes a los que parecemos dar la espalda, como si la ausencia de lo trascendente fuera más perfecta, como si la nada fuese más humana que el "todo en todos" divino. La Vieja Europa que bruñe frisos como el Pantocrátor de Santiago de Carrión, espectador de mis juegos en la plaza, mientras no dejaban de pasar peregrinos españoles, y franceses, y belgas, e italianos, y alemanes, e ingleses... camino de la nueva vida en Compostela. ¿No es suficiente motivo para que sea fiesta en toda España cada 25 de julio?

miércoles, 23 de julio de 2008

Victoria creíble, ¿verdad?

Esta tarde, después de recuperar durante toda la mañana las horas de sueño perdidas en una sustanciosa guardia (sería una larga historia), no corría peligro de quedarme traspuesto en el sofá, así que puse La Dos y me enganché al Tour. La segunda etapa que seguía con interés este año, tras Prato Nevoso. Era la de Alpe d'Huez, mítica cima de la que, según decían, quien sale de amarillo gana el Tour. Induráin cumplió con la máxima en cuatro de sus cinco victorias en París (en la otra no se subió) y Delgado salió de amarillo dos veces, ganando sólo la segunda: cosas del "periquismo" que aún profeso. Antes de Alpe d'Huez se habían ascendido el col de Galibier y la Croix de Fer, otros dos puertos de toda la vida, clásicos de etapa reina que decide la carrera. Por tanto, aunque no hubiera habido mucha batalla, las piernas en esta tercera semana no iban a estar para alardes en la última subida. Había que atacar de largo si se querían obtener diferencias de tiempo relevantes para la clasificación general o en los postreros kilómetros simplemente para el triunfo parcial. Carlos Sastre, abulense de El Barraco, optó por lo primero y sirvió el espectáculo. Apenas hizo amago de seguirle Menchov, sin lograrlo, y ya teníamos al cuñado de Chava Jiménez q.e.P.d. en la tête de la course ganando metro a metro segundo a segundo sobre el groupe Maillot Jaune de los hermanos Schleck, Frank y Andy (los luxemburgueses dignos sucesores de Charly Gaul, "el Ángel de las Montañas", rival de nuestro Bahamontes, "el águila de Toledo": el periodismo deportivo ya no sabe elegir apodos), Evans, Valverde y cía. Se desabrochó la camisola, se entregó en cada rampa, se abrió hueco entre banderas que coloreaban "la montaña de los holandeses", se ciñó a una cadencia de pedaleo constante y rotunda, hasta que fue pasando una tras otra las veintiún célebres curvas de Alpe d'Huez en pos de la meta. Y se vistió de amarillo para soñar con París, porque si Sastre se parece algo a Perico por lo menos tenemos un cincuenta por ciento de posibilidades. A esta hora descansa, recupera el aliento, piensa en cenar un poco de pasta y ensalada y aguarda con ansia el masaje previo a echarse a dormir. Sin más. Sin otras rutinas ni fórmulas secretas. Sin trampa ni cartón. Porque prefiero creer en su victoria y olvidar todo lo negativo que me sugiere la palabra "positivo" (Heras, Moisés Dueñas, Landis, Rasmussen, Vinokourov, Hamilton, Santi Pérez, Virenque, Riccó, Beltrán... me dejo muchos, por desgracia), y contar con Carlos los kilómetros que no dejaron contar a Alberto como hizo, de amarillo, el año pasado por estas fechas. Contador de kilómetros y Sastre de los Alpes, en los que todavía creemos quienes pueblan las cunetas, multitud venida de toda Europa (siendo miércoles) que pinta la carretera con el nombre de los esforzados de la ruta, y quienes encendemos la televisión a la hora de la siesta, en busca de un brillante espectáculo deportivo. Ojalá el ciclismo vuelva por donde solía y "positivo" nos suene bien, como debiera, a victoria de escalador español en el Tour, atacando de lejos y levantando a la afición en cada demarraje.

lunes, 21 de julio de 2008

La vía muerta del Oeste

Entre Zamora y Salamanca algún día pasó el tren. Veintitantos años hace que dejó de hacerlo como ruta de pasajeros, y desconozco si aún se utiliza como vía mercante, creo que no. Se lamentaba de esto un asturiano la otra tarde, en el autobús que nos traía de Oviedo, porque el mapa español de ferrocarriles se quedó cojo del pie del Oeste, del lejano y desplanificado Oeste español, y nadie le ampara si no con unas simples muletas que ya parecen eternizarse en promesas incumplidas.

Trenes, hospitales, facultades, puertos secos, paradores, museos, centros de referencia, autovías, parques tecnológicos, fugaces capitalidades, palacios de congresos, vuelos regulares, declaraciones turísticas, restauraciones, planes directores... son el pan nuestro de cada día en las páginas más beligerantes (cada vez menos, frente a la sorprendente proliferación del obsoleto eco de sociedad) de los periódicos locales de estas provincias que se extienden a lo largo de la frontera con Portugal. Comarcas deprimidas, capitales apartadas de los ejes de desarrollo y representantes políticos por lo general poco reivindicativos que se confuden con el color de sus escaños son los ingredientes de un guiso que sabe a estancamiento y despoblación. En estos meses de verano llega el palio de los paisanos que emigraron y vuelven unas semanas, pero poco dura la alegría en casa del pobre. Hasta que se enfríe el rostro y se vayan secando las flores que brotaron entre los rieles de la vía muerta, avivada por la primavera que no por las máquinas de hierro.

Precisamente desde el tren, con estas líneas ya abiertas, me ha llamado Manuel, gran tipo Manu Ávila, que desde Galicia retorna a su ciudad y al pasar por la mía de adopción se ha acordado de que cerca andaba. Viaja en el tren que pasa por Zamora, el Talgo La Coruña-Madrid, único que hasta aquí se acerca, haciendo una hermosa estación funciones de apeadero. Es la triste realidad de los progresos que no se consumaron, porque a estas tierras llegaron cuando ya la moda empezaba a cambiar. Llegó el tren para llevarse a las gentes lejos de casa y de los campos, y cuando ya no hubo gentes que llevarse, lo que se llevaron fue el tren. Agonizó la vía entre dolores de soledad, y le crecieron ramas, que no ramales, y la sacaron de la ciudad, y la enterraron, como si fuera un presagio. Tenía razón la otra tarde aquel dicharachero, casi verborreico, asturiano, porque ya ni quedan indios en el lejano Oeste, pues no hay tren al que abordar a galope tendido, ni estaciones nos quedarán, a este paso, para padecer despedidas o festejar regresos.

domingo, 20 de julio de 2008

Sine dominica non possumus

Hay domingos y domingos, pero siempre son Domingo y fiesta de guardar. Hay domingos de Liga y de Tour, de huerta y de autobús, de Vera Cruz y de San Marcos, de novia y de soledades. Hoy ha sido un domingo de segundas opciones, pero ante todo Domingo, sin el que vivir no podemos, como tan hermosamente confesaron aquellos mártires de Abitene hace diecisiete siglos. Murieron privados del Domingo y ganaron con su sangre el Domingo eterno, "el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso" que rezaba esta mañana Don Fernando en el prefacio de nuestra Misa parroquial, asamblea circular que ha celebrado la Pascua de cada semana, para coger fuerzas que perder luego, para entender por qué si hoy es Domingo no es un día cualquiera con nombre al uso. No se hizo el hombre para el Domingo, sino el Domingo para el hombre, porque es "el día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal". Es el día del Señor, de su alegre victoria, y sin el Domingo no podemos vivir.

De la celebración dominical se nutren los días de la semana con sus nombres y sus noches. Sobre el Altar ponemos los frutos de la tierra y de nuestro trabajo, de la Palabra escuchada sacamos nueva semilla y en la Asamblea de hermanos encontramos la familia que es enviada a la tarea universal de la misión. Es el Domingo como la estrella que más alumbra, que sirve para contar el tiempo y delimitar el espacio, a modo de eje cronológico y geográfico. Domingo de ritmos y cadencias, que con línea imaginaria se une al anterior y al siguiente: el Domingo de Ramos, el de Rioseco, el de las casetas, los del cuarteto, el posterior al MIR, el de Toledo, el del partido contra Italia, el del Naranco... Y este Domingo más escueto y solitario de tanto calor que siendo tan distinto es tan igual, y siendo tan triste es tan alegre. Un Domingo callado y distante, febril y apagado, sin el que tampoco podríamos vivir.

domingo, 13 de julio de 2008

La heroica ciudad dormía la siesta...

... pero el viento sur no soplaba perezoso y caliente. Era verano. Ha sido. Domingo de verano al sol de la montaña y sábado de otoño a la sombra de las nubes cenicientas. Negros paraguas para las calles empedradas y manga corta para las verdes laderas. Ha sido en Vetusta, en la heroica ciudad, señorial como pocas, que lleva en las venas de sus rúas sangre capitalina. Hemos sido allí.

De Zamora a Oviedo, Clarín. Y el último viernes, también yo. Nosotros. No conocía esta ciudad, ni siquiera Asturias, pese a que existiera un Félix González, a la sazón mi tatarabuelo, que de allí marchó a segar a Salamanca, y se quedó por estas tierras donde el viento sopla a otras horas y los colores atienden a otro desorden. Si Félix hizo del Campo Charro otra patria querida, por ciudad amada tengo ya también al Oviedo de palacios y magnolios, de tilos e iglesias. Oviedo de Regenta y Catedral, de campanas que tejen el himno a cada hora, de Universidad cuatro veces centenaria, de bellas artes y reyes santos, de mesas bien servidas y mejor regadas. Dormiré la siesta para volver allí en heroica travesía por entre las bandadas de palomas del Parque de San Francisco, botánico pulmón, lago de agua, lagar de sidra. Escanciaré las rampas del Naranco para contemplar Oviedo desde San Miguel y Santa María, mientras brille el sol. Sopesaré historia y leyendas para imaginar corte y monasterio, el trono y el altar en Santullano, mientras llueva. Pasaré bajo los arcos: y miraré a la Cruz en su jubileo de ángeles y victorias; y dejaré un beso a los pies del Salvador, epílogo natural del camino jacobeo; y resonará la Salve regina de los sábados en la Sancta ovetensis; y será domingo de regresos, pero habrá merecido la pena. Para entonces, despertaré de la siesta reconfortado a fuerza de sueños y heroicidades.