"Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen": profecía de Jeremías, evangelio de Mateo, portada de todos los periódicos de hoy. Ojo por ojo, diente por diente. La muerte y el desconsuelo se ceban otra vez con la patria de Jesús, que nació cuando en toda la Tierra reinaba la paz. Misiles por misiles, bombas por bombas. La sangre y la desesperanza riegan otra vez el escenario de la Acción salvadora, Tierra Santa puesta a prueba, Santos Lugares sembrados de cadáveres inocentes, en uno y otro bando. Difícil solución se me antoja con tantas armas en los arsenales y tanto odio en los corazones. El cielo se tiñe del humo negro del terror; el suelo, del rojo que surca las venas de todos los que luchan por la nada de su todo. En Gaza como en Ramá, es Raquel que llora por sus hijos, es el clamor de la Humanidad que esperaba un Mesías y sigue esperando disfrutar de la Paz que Él nos trajo.domingo, 28 de diciembre de 2008
Es Raquel, que llora a sus hijos
"Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen": profecía de Jeremías, evangelio de Mateo, portada de todos los periódicos de hoy. Ojo por ojo, diente por diente. La muerte y el desconsuelo se ceban otra vez con la patria de Jesús, que nació cuando en toda la Tierra reinaba la paz. Misiles por misiles, bombas por bombas. La sangre y la desesperanza riegan otra vez el escenario de la Acción salvadora, Tierra Santa puesta a prueba, Santos Lugares sembrados de cadáveres inocentes, en uno y otro bando. Difícil solución se me antoja con tantas armas en los arsenales y tanto odio en los corazones. El cielo se tiñe del humo negro del terror; el suelo, del rojo que surca las venas de todos los que luchan por la nada de su todo. En Gaza como en Ramá, es Raquel que llora por sus hijos, es el clamor de la Humanidad que esperaba un Mesías y sigue esperando disfrutar de la Paz que Él nos trajo.miércoles, 24 de diciembre de 2008
Esta noche es Nochebuena
"Felices Pascuas en el año en que has comenzado una nueva vida dentro de las varias vidas que vivimos. O algo así. Abrazos para que los compartas con quien te parezca". Estas palabras y esta fotografía eran su felicitación, que me ha empujado a hacer inventario de un año que, como todos, parece volcarse en la Nochebuena, aglutinadora de recuerdos y propósitos, de ausencias y presencias. Las "vidas" ya vividas han cimentado y siguen cimentando la actual, que a su vez hará piña con las anteriores cuando deje paso a la siguiente: sucesión de capítulos que abocan a un desenlace conocido, pero mientras tanto saboreamos el planteamiento, los sucesivos planteamientos, y el nudo, los sucesivos nudos. Escribimos negro sobre blanco de Nochebuena en Nochebuena, sabedores de que la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más. Llenamos páginas sin retorno pero volvemos siempre a ellas, y yo este año, con tanto cambio y tanta novedad, no he escapado a esta tendencia. Las he mirado con otros ojos y me ha gustado lo que he visto, renovado y vuelto a su ser. Ha sido año de reencuentros, breves pero intensos. Año de viajes, de guardias, de amigos en plural y de novia en singular. Año de luces que conducen a la Luz que ahora nos nace, en esta santa noche que todo lo atrae hacia el pesebre de Belén. Venite adoremus.domingo, 21 de diciembre de 2008
El General Invierno
Las afonías son para el verano, dije, y ahora lo que padezco es una tos que no acabo de soltar: reconozco que la planta de Neumología de un hospital no es el mejor lugar para curar catarros, y menos en estos días de "temporada alta". Lo cierto es que ha llegado, con su batallón de noches largas y días cortos, el General Invierno. La nieve se ha encargado de ambientar las calles para los fastos de recibimiento, se están organizando brillantes veladas, digo heladas, en su honor y se prevé un paseo triunfal de este personaje, que según lo pinta Arcimboldo puede definirse como realmente feo. Un tipo feo. Seco. Agrio. Medio muerto. Nada que ver con la dulce, blanca y feliz Navidad que en estos días de su llegada le eclipsa. Ya es invierno, pero hasta que no veamos la cuesta de enero desde su misma falda nos parecerá que todavía queda lejos el combate contra tan peligroso enemigo. Ha llegado y se ha escondido. En segundo plano espera el momento de descubrirse y mostrar sus armas grises y frías, agazapado tras los montones de nieve, bajo las capas de escarcha. Atacará en forma de mañanas en que salir de la madriguera en que creeremos haber convertido nuestra cama será todo un desafío contra la salud y la felicidad a las que aspiramos. Nos asaltará con vendavales camino del trabajo, del colegio, de la facultad, que harán que añoremos más si cabe la cama-madriguera. Se mostrará tan implacable que todo guante, bufanda, gorro, cazadora... nos parecerán blando escudo con que defendernos. A Dios gracias, no parece que tengamos que invadir Rusia próximamente, y cuando empecemos a sufrir los efectos de la batalla librada aquí ya será primavera, al menos en El Corte Inglés.jueves, 18 de diciembre de 2008
Dulce
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Nieva sobre nevado
El último Domingo de Pascua hasta nevó sobre la Plaza Mayor mientras se encontraban Jesús y María. Sol, nubes y nieves se hermanaron para blanquear del todo el efímero manto de María y deslumbrarlo an
te la gloriosa desnudez de Jesús. Entonces los copos se evaporaron como maná antes de besar el suelo, fueron como pedazos de cielo llevados a las bocas abiertas de quienes allí nos habíamos reunido. Anteayer, lunes al sol, dejaron alfombra alba sobre las losas, rastros de pasos, huellas de nieve, polvos de luz. Anoche, esta noche, martes a la sombra, ha nevado sobre nevado. Nieve fina, nieve bien conocida que, en cierto modo, echaba de menos (me lo he de mirar, lo sé). Nieve de cofradías reunidas en pleno, como nos reunimos en la Plaza las mañanas de la Resurrección para el Encuentro. Nieve sobre nieve, palabras que el tiempo mueve y descoloca, nieve de cofradías reunidas en la Casa de la Iglesia las noches de otoño, de invierno, de primavera y hasta alguna de verano para el sano desencuentro, porque más salud hay en
la divergencia que en el conformismo, más en el ruego y la pregunta que en el silencio y la desidia, en el proyecto serio (acertado o equivocado) que en el "siempre se ha hecho así". Así de mejorable. Otra nevada. Fina, suave, blanca. Más nieve sobre nevado. Más horas por delante. Más tertulias. Más rumores. Más de lo mismo. Más de lo nuestro, que tanto nos cansa... y tanto nos gusta. Yo me lo miraré, pero quizá hagan precio de grupo. Alguno de vosotros seguro que se apunta.
jueves, 11 de diciembre de 2008
La tecla rebelde
Ten´´ia que ser precisamente ella: pronto se ha revelado la rebelde. En efecto, me refiero a la insurrecta tecla de las tildes, que se dobla sin venir a cuento. Desconozco si tiene arreglo sencillo, pulsando alguna otra tecla, comandos, funciones y/o secretos que me esconden estos misteriosos artilugios. Es posible que no, y que, como pensamos, mañana haya que adquirir un nuevo teclado en el que distingamos la n junto a la m y la b junto a la v, donde la T de mi nombre no se limite a un escueto esbozo de raya y la R se defina por trazos resueltos en lugar de una borrosa escuadra, donde la O no haya que imaginarla. Dar con la tecla es todo un reto. Pensar. Inspirarse. Acertar. No siempre se consigue poner el acento donde corresponde, pisar en suelo firme o decir la palabra adecuada. No siempre se encuentran el momento oportuno y el sitio propicio. No siempre sobrevivo tantos renglones sin teclear mis queridas esdr´´ujulas. ¡Volved! Apostilla (15-Dic-08, 23:54). ¿A qué no es normal que en un documento de Word (al que he recurrido) o charlando en el Messenger pueda poner las tildes y al escribir aquí se repita el problema que motivó mi pasado comentario y que ahora ya sólo afecta, momentáneamente, a esta página, al buscador de Google o al de Youtube? En definitiva, un misterio el del teclado, así que algún entendido en la materia me dé una explicación o calle para siempre.
lunes, 8 de diciembre de 2008
Y eternamente lo sea
Dije que hablaría del Prado y, paradojas de la vida, traigo una pintura del Thyssen, la Inmaculada salida del pincel de quien anoche conocí un poco mejor ante la gran pantalla: Δομήνικος Θεοτοκόπουλος, Doménikos Theotokópoulos El Greco. En él se refleja la humana aspiración de que la luz venza sobre la oscuridad, siga venciendo. En Ella, la Luz ha encontrado donde prenderse, entrañas puras donde encarnarse y seguir ardiendo: "Luz de Luz, Dios de Dios". En él se plasma la belleza de las criaturas, como espejo del Cielo, don de lo Alto. En Ella, en su belleza graciosa, todo un Dios se recrea, en la celestial princesa que ya reina coronada por doce estrellas, vestida de sol y con la luna por pedestal. En él, hombre débil regalado con el genio del arte, la Luz cuenta con grandes aliados: sus manos prestas y sus ojos clarividentes. En Ella, la mujer fuerte del Evangelio, todos tenemos un faro de humildad y entrega, la Madre del Buen Consejo: "Haced lo que Él os diga". En él, que añoró Creta, descubrió Venecia y amó a España, se mezclan los colores del Mediterráneo en una paleta de nombres y hombres a los que hacer santos. En Ella todos los pueblos se miran, todos los nombres se encuentran y todos los hombres se santifican. Bendita sea tu Pureza.jueves, 4 de diciembre de 2008
Algo huele a podrido en Azpeitia
Iba camino de su partida de tute de todas las tardes pero no llegó a la cafetería Uranga, donde le esperaban los naipes, la faria y el café. No llegó porque algún pistolero de la ETA, esa banda de asesinos que lleva cincuenta años matando movida por el odio a España, le descerrajó dos balas. Al muerto de ayer, Ignacio Uría Mendizábal, quizá también le esperaba su cuadrilla, compañeros de partida que posan ante el fotógrafo de El Mundo. Si le hubiera dado un infarto es probable que alguno de los jugadores hubiese acudido al hospital, o a estar con la familia, mientras los otros seguramente estarían comentando, muy preocupados, toda la tarde la noticia. Pero le mató la ETA y pronto encontraron quien ocupase el lugar de Ignacio, a seguir arrastrando con el as de espadas y cantando las cuarenta. El cadáver, todavía caliente. ¡Vaya manera de esperarle! Y es que, por desgracia, algo huele a podrido en Azpeitia.martes, 2 de diciembre de 2008
Las llaves de casa
Pocas ya, pero todavía resta alguna de las visitas guiadas o dramatizadas que componen la oferta cultural "Las llaves de la ciudad" del Ayuntamiento de Salamanca. Para celebrar los veinte años de la declaración como ciudad Patrimonio de la Humanidad se han programado visitas a varios enclaves salmantinos, muchos de ellos inquilinos de los últimos lugares de las guías más completas, por lo que ni los turistas los suelen frecuentar ni muchos salmantinos, la inmensa mayoría, los conocemos bien o regular. La otra mañana, padeciendo un frío ártico-helmántico, nos dieron las llaves del antiguo Monasterio del Nombre de Jesús, el de las Madres Bernardas, integrado en el reciento del Colegio Calasanz. No conocía ni el templo (magnífico tabernáculo) ni el claustro, donde se erige un pino que Cosme y Damián sí logran ver porque miran con ojos del XVI. Hasta se apoyan en él y recogen las piñas caídas estos dos estudiantes de Salamanca retratados por CNTRPLT con tecnología del XXI. Luego nos abrieron paso hasta el patio del Colegio de Huérfanos, el de "los locos", hoy parte del Campus de Educación. Y desde allí, prendados de la hornacina repetida de sus portadas, nos enseñaron cómo y dónde se visitaba a la Patrona, errante Santa María de la Vega que otrora era vecina lindera del Tormes. Los remozados arcos y capiteles románicos del viejo convento lucen en la sacristía de un templo límpido que se rehabilitó como Granja Escuela y en tiempos sonó como posible sede del Museo de Semana Santa... ¿he dicho Museo de Semana Santa? Muerto de frío pero premiado con una copia de las llaves de la ciudad, no me canso de descubrir Salamanca. Y Zamora, claro.domingo, 30 de noviembre de 2008
Una vela encendida
La corona de Adviento de la derecha no está a los pies de un altar, sino sobre una mesa en la que alguien ha colocado un plato. Una mesa cualquiera de una casa cualquiera donde alguien, posiblemente, irá encendiendo los cirios según pasen los domingos de este tiempo preparatorio de la Pascua de Navidad. Las luces eléctricas de las calles se encenderán cuando decida el Ayuntamiento, o la asociación de hosteleros, o El Corte Inglés... pero en esta casa cualquiera alguien ha encendido una luz. Podría ser la luz que ha encendido quien piensa que se está haciendo mayor, y que la enciende por aquellos que no verán cómo se prende esta primera luz del año, tímida lumbrera camino hacia la gran luz en su apogeo de la noche de la Pascua de Resurrección. Muchos no la verán, le he dicho, pero quizá su modesta vela doméstica les ilumine y señale la ruta que conduce a la segunda luz, o a la tercera, o a la cuarta, o alguna luz de algún domingo de algún Adviento. No importa tanto el número como el nombre. Por eso le he pedido que no apague la luz hasta que no se extinga ella misma con el ocaso de un domingo de finales y principios. Ojalá que el Año Nuevo traiga paz y bien de verdad a todos los que miran o son mirados por esa luz de casa, luz de domingo, luz de concordia fraterna. Ojalá, aw šá lláh.viernes, 28 de noviembre de 2008
Tríptico de cuatro
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Sus huellas y su silueta
¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo, la sierra gris y blanca, la sierra de mis tardes madrileñas que yo veía en el azul pintada? Me hacía yo la misma pregunta que Antonio Machado, con sus versos, hace unas horas, cuando surcaba el Guadarrama nevado sobre los raíles de mi vagón, que no era de tercera como el suyo. Desde El Escorial hasta Ávila, nieve a los costados del tren y tímido sol que por momentos se quitaba la careta. Pero pronto se la ponía para no derretir demasiado la hermosura de las copas de las encinas, pobladoras de las laderas de esos montes tan centrales y tan fronterizos. Se les iba el agua por las ramas, agua de color blanco y sabor a espuma de invierno, con cada rayo que escapaba de la disciplina. Por tus barrancos hondos y por tus cumbres agrias, mil Guadarramas y mil sones vienen cabalgando conmigo, a tus entrañas. Versos de olmo seco, bendecido por el rayo, que no hendido. Versos de tierra y de sierra que recordaba, aproximados, en mi viaje de regreso: como todos, viaje con muchas notas para compartir, pero éste más. El tren daba tregua deteniéndose algún instante, el suficiente para distinguir sobre la nieve el rastro de alguien, la silueta que revelaba un paso, su paso, sin más explicaciones. Unas huellas, apenas una señal. Estuvo. Fue. Miré y vi. Me pregunté. Supe. Está. Es. Así, como en la nieve serrana, sobre la pared su silueta. No tiene que estar porque no es su sitio. Son todos sus sitios, pero sin estar como estaba. Está y es. Las paredes del aula, al llegar el verano, se pintarán para
empezar con brío el curso siguiente. Vendrán otros niños, que quizá nunca lo vieron en esa pared, pero sí en otras igualmente queridas: la de su dormitorio, la de su casa, la de su parroquia, la de su cofradía. Y al mirarla, aunque no esté, lo verán. Se habrán preguntado y sabrán. No necesitarán verlo para sentirlo y llevarlo en el corazón. No les molestará que algún día lo quitaran porque alguien creyó que a otro alguien podía molestar, o que, como yo pienso, no tiene que estar por costumbre o por rutina, presidiendo estancias que se ordenan según principios ajenos al Evangelio, pues Él rebosa paredes, catedrales y explanadas, y sobrevive a modas, regímenes y planes educativos. Y si alguno que nunca supo, porque nunca le contaron en su casa, fue a un colegio que no pinta las paredes en verano, todavía podrá ver sobre la pared una silueta con forma de dos trazos cruzados, el horizontal más corto que el vertical. Es posible que se pregunte por qué esa huella del pasado, no encuentre respuestas en el presente y más tarde, en el futuro, sepa de Jesús, el Señor. Ojalá no lo descubra como vestigio histórico, sino que lo abrace como sentido de su vida. Machado versaba también: No puedo cantar, ni quiero, a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en la mar. El Jesús de la agonía, de la Cruz, era la fe de sus mayores, y se sentía más cerca del Jesús caminante. Para muchos esa misma fe es algo trasnochado, la fe en Dios que ha caminado con los hombres, ha muerto en la Cruz y ha resucitado. A algunos les molesta: no sólo los signos que la representan, sino la fe misma. A mí no me molesta que les moleste, pero me apena que no miren las huellas de quien anduvo esta mañana sobre la nieve, porque verían al mismo que ha extendido sus brazos y sus piernas sobre la pared para reunirnos a todos a la vera de la silueta dibujada por su Cruz.jueves, 20 de noviembre de 2008
El fin del principio
Ayer al mediodía, cuando salí del centro de salud, miré atrás (alguna, que es muy lista, ya lo sabía). Volví a contemplar el pórtico, adornado por vegetación y pintadas, las blancas verjas metálicas y la acristalada puerta de acceso. Me crucé con una señora, que vendría para saber el resultado del Sintrom quizá; ningún médico ni enfermera regresaba de avisos a domicilio o de un café reparador; el cielo gris hacía presagiar que no me iba a estorbar la bufanda, y no me equivoqué. Ayer al mediodía, antes de comer las últimas existencias de los tupper que poblaban mi nevera (¡qué coliflor, madre mía!, porque la cocinó mi madre, claro) y poner rumbo a la guardia de hospital, me volví para mirar la puerta del Parada del Molino sin terminar de creerme que hubieran pasado los seis meses de la primera rotación. ¿Ya? Tempus fugit, que diría David. Medio año, sí. Entre las 8 y las 8:10, un día Pedro, otro yo, abríamos la consulta, luego la ventana para airear la pequeña sala y era el momento de ordenar los papeles (demasiados), realizar alguna intervención de cirugía menor de vez en cuando (verrugas, cuerpos extraños y esas cosas) y recibir a los representantes de laboratorios (fenicios, generosos y entrañables; sobre todo Elena, claro). A las 8:55, el primer paciente citado, y así las siguientes cuatro horas: ancianos que van al médico por costumbre, hombres de mediana edad que acuden a la fuerza (léase por imperativo conyugal), gentes a las que les duele todo, otras a las que no duele nada pero lo disimulan muy bien, demandantes de bajas laborales o derivaciones al especialista ("vengo a que me haga una resonancia y me mande al de corazón", "... si puede ser", añaden algunos), menopáusicas con sofocos, adolescentes mal del
coco, niños con mocos (cuando estuve con Alicia, la pediatra)... Informes de interconsultas en las que se cambia un tratamiento y se preguntan si hacer caso a lo que dice ese señor del hospital: depende. Resultados de analíticas: habrá que pedirle para la próxima vez la HbA1c, y vigilar esas hormonas tiroideas, y comprobar si le hace algo la estatina que le hemos puesto... Recetas de crónicos: "¿Rojas o verdes? Rojas, ¿verdad?". Rodillas que dan guerra: "Ay la artrosis, don Pedro". Esclavos de las cifras: "Majo, ¿me tomas la tensión?" (eso va por mí); y yo: "Doce y medio, ocho y medio. Está muy bien, Avelino". Se consume la lista, tachando los nombres: una faringitis, una ciática, dos o tres gastroenteritis, que hay mucho virus suelto... Y así, con la lista, se consume la mañana. Queda tiempo para ordenar más papeles, los que ha ido generando la consulta, porque el ordenador todavía no lo abarca todo. Un aviso a domicilio, a dos manzanas: mujer, cincuenta y cuatro años, sin antecedentes de interés salvo sus habituales mareos. La casa, un tercero sin ascensor, está decorada profusamente pero con escaso gusto. Ella espera al médico en la cama matrimonial. Se trata de un vértigo de libro. Volvemos al Centro de Salud, acarreando el maletín (que pesa menos, porque le hemos pinchado un Dogmatil), y esperan un par de pacientes sin cita. Cosas de poca monta. Cuando terminamos de atenderlos ya es la hora de la sesión clínica: me toca a mí y recordaré a médicos y enfermeras del equipo las indicaciones y técnica de la prueba de la tuberculina, pues repunta en nuestro medio la infección por el bacilo de Koch, aunque suene a antiguo. Pedro completa mi exposición con un vídeo ilustrativo. Parece que les ha interesado. A las dos y media salgo sin mirar atrás, porque volveré al día siguiente. Pero ayer miré y sentí nostalgia. Claro que esto no ha hecho sino comenzar.martes, 18 de noviembre de 2008
Las grietas de la cúpula
Siempre se construyeron imponentes edificios, se esculpieron grandiosas estatuas o se pintaron solemnes escenas, según el gusto de la época, a mayor gloria de Dios, honor de los hombres o exaltación de los pueblos. A menudo hermosas obras; no con menor frecuencia, exagerados esfuerzos si nos detenemos a pensar en las necesidades humanas del momento en que hombres menos necesitados, o necesitados de otra manera, las promovieron. A veces vieron la luz por egocentrismo, otras se deben a una suerte de culto o ideología exacerbados, pero no podemos negar que hoy resultan en muchos casos un placer para los sentidos. Lo escrito, escrito está, y lo edificado, esculpido, pintado... también. Catedrales, mausoleos, palacios, arcos de lejanos triunfos. Nos corresponde conservarlos, disfrutarlos y extraer de ellos el zumo de la Historia para bebérnoslo. No sé si las generaciones que nos sucedan gustarán del jugo que les proporcione la cúpula de Miquel Barceló recién inaugurada por los Reyes en uno de los salones de las Naciones Unidas en su sede de Ginebra. Se trata de una cúpula de la que hoy no se juzga tanto su valor artístico como la forma en que se ha financiado, pues una parte procede de fondos públicos del Reino de España destinados al desarrollo de países como el Congo, donde en las últimas horas mueren, y mueren, y mueren... Allí, los flexos hacen de incubadoras para los recién nacidos. Sé que suena a demagogia, pero defender que "lo de la cúpula" contribuye a la promoción de los Derechos Humanos sí que suena mal.sábado, 15 de noviembre de 2008
Lugares
La otra noche me regalé un paseo a solas. Temprano, de seis y media a ocho, pero noche cerrada a estas alturas de un noviembre cuyos San Martines no han traído veranillo y ya marcharon hasta el año que viene. Jueves en Salamanca, que se explica porque fue para mí un día "moscoso" que utilicé para ganar media L, la teórica. Tiempo tuve, como digo, para el paseo en soledad, placer que con pocos se iguala. Descarté la Plaza, otra vez "okupada", y opté por acercarme a la capilla dorada, y desde allí tracé el camino inverso al que tantas veces tomé: Berrueta, Ramón y Cajal, Fonseca, García Tejado. A la derecha, los diferentes cuerpos del viejo Hospital Provincial, hoy residencia geriátrica que conocí en las prácticas de la carrera; a la izquierda, en el teso de San Isidro, los templos iluminados, que desde el teso de San Vicente, en medio de la oscuridad, resultan aú
n más hermosos. Escaleras abajo, el Campus de los años de estudiante: Biología, Enfermería, Farmacia, Medicina al fin. Entré en la Facultad, escaleras arriba: los tablones de las convocatorias de exámenes, la fotocopiadora de los apuntes de aquella clase imposible de seguir, los rostros conocidos que todavía se pueden conocer mejor. Escaleras abajo: el pabellón Unamuno, el Oviedo, la Clínica Odontológica, el FES, Derecho, la biblioteca de tantas horas de estudio y amistad. El círculo de la nostalgia se fue cerrando al dejar atrás el escenario que hac
e apenas unos meses era el mío. A la derecha, las Oblatas, donde completé la soledad del paseo con la oración en buena compañía; a la izquierda, el camino del Cementerio, donde esta tarde volveremos a reunirnos para celebrar la esperanza cierta en la Vida que no acaba. Lugares comunes que siempre están para que, en ellos, sigamos siendo.
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