jueves, 8 de noviembre de 2007

Evocación de un viaje del Papa viajero

Queridos españoles todos, he visto millares de veces, en todas las ciudades visitadas, el cartel de quien esperabais como “testigo de esperanza”. Los brazos abiertos del Papa quieren seguir siendo una llamada a la esperanza, una invitación a mirar hacia lo alto, una imploración de paz y fraterna convivencia entre vosotros. Con los brazos de quien os bendice e invoca sobre vosotros la protección divina, y en un saludo hecho de afecto os dice: "¡Hasta siempre, España! ¡Hasta siempre, tierra de María!". Eran las últimas palabras de Juan Pablo II, el 9 de noviembre de 1982, cuando en el compostelano aeropuerto de Labacolla despedía su primer viaje apostólico a España. Volvería en cuatro ocasiones más, hasta despedirse otra vez uniendo España y María el 4 de mayo de 2003 en la madrileña Plaza de Colón. Todavía tendría algo que decirle a España meses antes de su muerte, cuando nuestros obispos hicieron la visita ad limina. Y entonces volvió a María, claro. Pero vuelvo yo al primer viaje, el que me contaron porque apenas sí había tomado yo posesión en estos pagos y el que conocí mejor después. Sin ir más lejos, esta semana, en el lugar que aparece en la foto, bautizado Auditorio Juan Pablo II, por ser allí donde el Papa polaco se encontró con los teólogos españoles. No podía ser sino en Salamanca y en la Universidad Pontificia, que junto a la Diócesis programó el martes y el miércoles de esta semana sendos actos académicos para conmemorar tan feliz visita. Por desgracia, la hora matinal en que se desarrollaron redujo la asistencia, y pocos ajenos a la Facultad de Teología nos hemos acercado. Los más, sacerdotes diocesanos. Los menos, quizá yo el único, estudiantes del MIR que frecuentamos la biblioteca Vargas Zúñiga. El caso es que he de traeros algunas píldoras de lo escuchado. Monseñor Sebastián era el secretario de la Conferencia Episcopal Española entonces y estuvo particularmente iluminado en su conferencia destinada a entroncar aquel viaje con la situación actual, y ver si sus frutos se han recogido, se pueden seguir recogiendo... Parece clara la vigencia de las palabras de Wojtyla, que las tuvo para todos los sectores de la Iglesia y de la sociedad españolas en lugares muy bien elegidos a lo largo de los diez días de periplo por nuestra tierra. Sebastián, no obstante, se apartó de un riguroso análisis del magisterio papal para criticar que a menudo en la Iglesia nos enfrentamos por ver "quién es más fiel o menos fiel al Papa" en asuntos nimios, perdiendo de vista cuestiones más fundamentales. También dijo que España, además de tierra de María, es tierra de Misión, que no hace falta irse a las Indias, y que "en lugar de criticar a cristianos díscolos dediquémonos a evangelizar a paganos felices", pues lo de vivir como si Dios no existiera es ya lo más extendido. El arzobispo emérito de Pamplona dice que ha perdido "chispa": ¡pues qué bien lo disimula! Al día siguiente se sucedieron tres exposiciones más breves, hasta configurar un mosaico bastante completo. El historiador Joaquín Luis Ortega, que fue director de Ecclesia y de la BAC (qué gusto abrir sus volúmenes, con esas cubiertas que recuerdan Sicut cervus ad fontes...), aportó una visión sobre la logística del viaje, su relevancia en la vida española, alguna anécdota (el papa-móvil sufrió una avería y tuvo que llegar a Granada en un autobús de línea)... Por fin pude poner rostro a una voz tan escuchada en la radio: y sí, tiene cara de cura burgalés, no me decepcioné. Después llegó el turno de la Concejala de Cultura de nuestro Ayuntamiento. No tenía el gusto de conocer a Isabel Bernardo, que resultó ser estudiante de Medicina en Salamanca cuando vino el Papa. "Claveles para un Papa" fue su emocionante evocación de poetisa, de joven que esperó en la Dehesa albense la llegada de Juan Pablo II, de mujer creyente y madre de familia en cuya vida ocupa un lugar importante el recuerdo de aquella jornada. Por último, el anfitrión, el decano de Teología Gonzalo Tejerina, hizo memoria del famoso discurso de Salamanca. A menudo percibo la terminología teológica algo alejada de la fe sencilla, de la fe también pensada pero sobre todo vivida. Seguro que el fondo, bien analizado, no se separa tanto, pero la forma levanta una cortina de Dios demasiado diseccionado, más allá de su Palabra. ¡Lo claro que se expresa Benedicto XVI y lo oscuro que lo hacen muchos otros compañeros suyos teólogos! Juan Pablo II era ante todo Pastor, pero cuando se lo proponía también rizaba el rizo en las encíclicas. Su Magisterio, denso y extenso como el Pontificado, ahí está, para acudir a él e instruirnos, pero será menos recordado por los fieles que sus gestos y sus presencias. Jamás olvidaré Cuatro Vientos. Habían pasado casi veintiún años desde el otoño del 82 y seguía encantado de venir a España. Totus tuus. Siempre testigos.

4 comentarios:

Conchero dijo...

Muchas gracias por traernos este resumen de lo allí ocurrido. Me he quedado sorprendido por las palabras de Moseñor Sebastián... Y tu reflexión sobre la teología la firmo al 100%. Cada vez infunden mayor lejanía de la fe más sencilla. Y ya no digo el panorama de la teología actual, que directamente es difícil encontrar algo de fe en ella.

Lucano dijo...

Yo también me sorprendí. En el contexto no suenan tan sorprendentes, pero las recalcó de tal manera que no creo resultar sesgado al destacarlas entrecomilladas. De hecho, el Obispo de Salamanca que estaba a su izquierda, cuando las pronunció tomó nota; también me llamó la atención. No me fijé en la reacción del Obispo de Ciudad Rodrigo, a la derecha de Sebastián, y al que el presentador del acto había elevado al rango de Arzobispo, provocando grandes risas. Yo me acordé de esa historia-leyenda que si aparece Asklepieia nos contaría bien: ¿no era algo así como que Ciudad Rodrigo no fue Roma por un voto? DE momento, a Don Atilano ya le preconizan metropolita de la sede civitatense.

Alberto Esteban dijo...

La verdad es que cuando estos días he vuelto a oir las palabras de Juan Pablo II en España uno se vuelve a emocionar.

Saludos

Lucano dijo...

Una voz potente, resuelta, tan cálida viniendo del frío... Sí, fueron días grandes.

Anda, Raúl, no te hagas el remolón y cuéntanos ese suceso, que "si non è vero, è ben trovato".