domingo, 18 de abril de 2010

Recuerde el alma dormida...

No es la primera vez que ilustro con un cementerio, porque no tengo necesidad de pantallas vegetales ni sucedáneos. Me explico. Leo en la prensa local que en Peñaranda van a inventarse un telón de árboles para que al desviarse los madrileños que peregrinan convocados por el tostón bracamontino no sufran el traumático impacto visual de un cementerio. Decía la redactora que no es el camposanto la mejor "carta de presentación" de la localidad y que el objetivo es conseguir una entrada más "digna" para el pueblo. Mejor no ver a los muertos, no sea que recordemos que es el destino de todos y se nos atragante el cochinillo, que lo del muerto al hoyo y el vivo al bollo ya no es refrán extendido. En estos tiempos lo que no se ve no existe, y ojos que no ven, corazón que no siente, siguiendo con el refranero. Unos árboles que nos impidan ver el bosque de cruces (ufff, cruces encima) y asunto concluido. Una pantalla vegetal subvencionada. Una obra colectiva para los anales del municipio. Un asunto de urgencia vital. Tapa, tapa la tapia, aparta las lápidas de mi vista, que no quiero que me cubra la alargada sombra del ciprés.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que Triste!!!!!!!!!

davidiego dijo...

valiente chorrada, creo que no es el de Peñaranda un cementerio mal cuidado del que arrepentirse.

Tampoco sé si lo mío será algún tipo de parafilia, pero si en alguno de mis viajes paso cerca de alguno no puedo evitar entrar, y así he estado en algunos que son actividad turística per se como Praga y Buenos Aires. O que decir de Vitoria-Gasteiz, que tiene uno precioso de monumentales tumbas de piedra que ya verdea en el centro de la ciudad.

Conchero dijo...

Ocultamos lo que somos y lo que inevitablemente todos seremos. Como ya no creemos en nada, estamos dispuestos a creer en cualquier cosa. Vete tú a saber si ver el cementerio da mala suerte, nos estropea el rollito, salen zombis, aparecen vampiros o cualquier otra supechería. Una pena, porque si perdemos de vista nuestro horizonte es cuando realmente nunca podremos ser felices. Creamos que somos eternamente jóvenes y ya veremos a dónde llegamos.

Un abrazo.

Lucano dijo...

Triste y chorras, desde luego.

Comparto contigo esa inclinación, David. Hay cementerios ciertamente hermosos.

Alberto, bien lo dices. Así no aviva el seso de ninguna manera. En fin...