
El día siguiente al día después es cuando empieza a remitir tímidamente el cuadro agudo del
"síndrome del Lunes de Pascua". Con los santos en las hornacinas y los capuchones en los tendederos se atenúan los síntomas post-procesionales, aunque no faltan, ni sobran, las terapias sustitutivas (vídeos, fotos, tertulias programadas o casuales, traslados de carrozas, cenas de hermanos de paso, cultos pascuales diversos, reuniones de análisis, tarareo de marchas...). Supongo que esta nota al pie de los días de nombre más santo se incluye en mi particular receta. Han sido muchas horas de cofradía y no pocas de calles nazarenas, este año más de banzo que de vara (se agradece), y bastantes de amistad crecida a la sombra de la Semana Santa. Nuevas caras, nuevos pasos, nuevas vivencias. Y las de siempre recobradas. Sumando como es costumbre, tendiendo a infinito. Restando los días hasta la próxima, sin prisa pero sin pausa. Feliz Pascua.