
Mucho se ha escrito en los últimos meses acerca de la inexistente letra del Himno Nacional, puesto que desde el Comité Olímpico Español se han propuesto llenar este vacío. Al parecer por iniciativa de algunos deportistas que ven cómo sus triunfos no pueden ser cantados cuando suena el Himno en su honor. Y si quedan segundos, el campeón húngaro, brasileño o australiano sí puede bisbisear o desgañitarse tomando por texto la canción nacional. Multitudinario concurso de ideas, jurado y tenor dispuestos, políticos pillados en fuera de juego... Ingredientes para que el 21 se presente la letra elegida, que imagino después será sometida al criterio de las Cortes. Si comienza a gozar del cariño popular ya se habrá hecho una sola cosa con la hermosa Marcha de Granaderos. Lo dudo, pero a mí no me resulta una necesidad, y menos si el argumento nace y muere en las ceremonias deportivas, que tienen su propia liturgia. Las victorias españolas siempre han sido de versión instrumental, más solemnes, más victorias. Como los izados de bandera.
ABC adelanta el texto escogido. Se da un aire al de Pemán en algunos fragmentos:
¡Viva España!, cantemos todos juntos con distinta voz y un solo corazón... La Patria
sabe en los dos, entonces
seguir sobre el azul del mar el caminar del sol, y ahora
abrazar bajo su cielo azul pueblos en libertad. Habla de
verdes valles, de
inmenso mar, de
un himno de hermandad. Muy asonante. El 21 veremos si la primicia de
ABC se confirma.

Siempre me han interesado mucho los himnos, letras y músicas. Su encanto, más allá de la calidad artística, es indudable.
La Marsellesa, que en esta pintura canta por vez primera Roger de Lisle, llegó hasta
Casablanca o nos emocionó a todos cuando en Colombes se estaba eligiendo entre
Evasión o victoria (¡y Stallone paró el penalty!). Pero tienen su lugar y su momento. El de España en España se limita a los cuarteles, a los podios deportivos, a los protocolos si es estrictamente necesario, a algunas procesiones. Imagino que tampoco se abusa de los diversos himnos autonómicos, pero sí me llaman la atención algunas de sus letras. Afirmaciones convenientemente escoltadas por signos de admiración en estas estrofas nacionalistas provocarían el grito en el cielo si fuesen letra del Himno Nacional, aunque me temo que ya habrá polémica para dar y tomar con esta letra avanzada por
ABC. Así, en el catalán se repite una y otra vez lo del célebre
bon cop de falç, golpe de hoz que los segadores asestan a diestro, siniestro y castellano invasor. El País Vasco tiene un himno sin letra,
Abendaren ereserkia (se desechó el Gernikako arbola), por lo que se cantan el
Gora ta gora de Sabino Arana y el
Eusko gudariak: confesional a más no poder el uno, belicista como pocos el otro. El gallego exalta la "nación del Breogán" y deja claro que
los buenos y generosos nuestra voz entienden, y con arrobo atienden nuestro ronco sonido, pero sólo los ignorantes, los fieros y duros, imbéciles y oscuros no nos entienden, no. Pues vale. Algunos otros nacen de amor a la patria chica pero sin anhelos independentistas, como el de Andalucía o la Comunidad Valenciana, o el de León, o el de Palencia, o el de Carrión de los Condes... Madrid cuenta con una letra del zamorano García Calvo que me pregunto si algún madrileño conocerá por completo (ya no digo cantarla). A Zamora le basta Thalberg y a Ciudad Rodrigo
la campana gorda que en la torre colocaron de la Catedral... Salamanca tampoco tiene, pero hacen las veces el pasodoble de Farina y nuestro folklore charro, de
carboneritos que van y vienen. Con eso basta, con ir y venir, y cantarle a la tierra cantándole a los de la tierra, haciendo un himno de cada conversación.
¿Cómo quieres que tenga la cara blanca
siendo carbonerito de Salamanca?