miércoles, 30 de julio de 2008
Terraza sin vistas
viernes, 25 de julio de 2008
Fiestas de guardar (insisto)


miércoles, 23 de julio de 2008
Victoria creíble, ¿verdad?
Esta tarde, después de recuperar durante toda la mañana las horas de sueño perdidas en una sustanciosa guardia (sería una larga historia), no corría peligro de quedarme traspuesto en el sofá, así que puse La Dos y me enganché al Tour. La segunda etapa que seguía con interés este año, tras Prato Nevoso. Era la de Alpe d'Huez, mítica cima de la que, según decían, quien sale de amarillo gana el Tour. Induráin cumplió con la máxima en cuatro de sus cinco victorias en París (en la otra no se subió) y Delgado salió de amarillo dos veces, ganan
do sólo la segunda: cosas del "periquismo" que aún profeso. Antes de Alpe d'Huez se habían ascendido el col de Galibier y la Croix de Fer, otros dos puertos de toda la vida, clásicos de etapa reina que decide la carrera. Por tanto, aunque no hubiera habido mucha batalla, las piernas en esta tercera semana no iban a estar para alardes en la última subida. Había que atacar de largo si se querían obtener diferencias de tiempo relevantes para la clasificación general o en los postreros kilómetros simplemente para el triunfo parcial. Carlos Sastre, abulense de El Barraco, optó por lo primero y sirvió el espectáculo. Apenas hizo amago de seguirle Menchov, sin lograrlo, y ya teníamos al cuñado de Chava Jiménez q.e.P.d. en la tête de la course ganando metro a metro segundo a segundo sobre el groupe Maillot Jaune de los hermanos Schleck, Frank y Andy (los luxemburgueses dignos sucesores de Charly Gaul, "el Ángel de las Montañas", rival de nuestro Bahamontes, "el águila de Toledo": el periodismo deportivo ya no sabe elegir apodos), Evans, Valverde y cía. Se desabrochó la camisola, se entregó en cada rampa, se abrió hueco entre banderas que coloreaban "la montaña de los holandeses", se ciñó
a una cadencia de pedaleo constante y rotunda, hasta que fue pasando una tras otra las veintiún célebres curvas de Alpe d'Huez en pos de la meta. Y se vistió de amarillo para soñar con París, porque si Sastre se parece algo a Perico por lo menos tenemos un cincuenta por ciento de posibilidades. A esta hora descansa, recupera el aliento, piensa en cenar un poco de pasta y ensalada y aguarda con ansia el masaje previo a echarse a dormir. Sin más. Sin otras rutinas ni fórmulas secretas. Sin trampa ni cartón. Porque prefiero creer en su victoria y olvidar todo lo negativo que me sugiere la palabra "positivo" (Heras, Moisés Dueñas, Landis, Rasmussen, Vinokourov, Hamilton, Santi Pérez, Virenque, Riccó, Beltrán... me dejo muchos, por desgracia), y contar con Carlos los kilómetros que no dejaron contar a Alberto como hizo, de amarillo, el año pasado por estas fechas. Contador de kilómetros y Sastre de los Alpes, en los que todavía creemos quienes pueblan las cunetas, multitud venida de toda Europa (siendo miércoles) que pinta la carretera con el nombre de los esforzados de la ruta, y quienes encendemos la televisión a la hora de la siesta, en busca de un brillante espectáculo deportivo. Ojalá el ciclismo vuelva por donde solía y "positivo" nos suene bien, como debiera, a victoria de escalador español en el Tour, atacando de lejos y levantando a la afición en cada demarraje.


lunes, 21 de julio de 2008
La vía muerta del Oeste
Entre Zamora y Salamanca algún día pasó el tren. Veintitantos años hace que dejó de hacerlo como ruta de pasajeros, y desconozco si aún se utiliza como vía mercante, creo que no. Se lamentaba de esto un asturiano la otra tarde, en el autobús que nos traía de Oviedo, porque el mapa español de ferrocarriles se quedó cojo del pie del Oeste, del le
jano y desplanificado Oeste español, y nadie le ampara si no con unas simples muletas que ya parecen eternizarse en promesas incumplidas.

Trenes, hospitales, facultades, puertos secos, paradores, museos, centros de referencia, autovías, parques tecnológicos, fugaces capitalidades, palacios de congresos, vuelos regulares, declaraciones turísticas, restauraciones, planes directores... son el pan nuestro de cada día en las páginas más beligerantes (cada vez menos, frente a la sorprendente proliferación del obsoleto eco de sociedad) de los periódicos locales de estas provincias que se extienden a lo largo de la frontera con Portugal. Comarcas deprimidas, capitales apartadas de los ejes de desarrollo y representantes políticos por lo general poco reivindicativos que se confuden con el color de sus escaños son los ingredientes de un guiso que sabe a estancamiento y despoblación. En estos meses de verano llega el palio de los paisanos que emigraron y vuelven unas semanas, pero poco dura la alegría en casa del pobre. Hasta que se enfríe el rostro y se vayan secando las flores que brotaron entre los rieles de la vía muerta, avivada por la primavera que no por las máquinas de hierro.
Precisamente desde el tren, con estas líneas ya abiertas, me ha llamado Manuel, gran tipo Manu Ávila, que desde Galicia retorna a su ciudad y al pasar por la mía de adopción se ha acordado de que cerca andaba. Viaja en el tren que pasa por Zamora, el Talgo La Coruña-Madrid, único que hasta aquí se acerca, haciendo una hermosa estación funciones de apeadero.
Es la triste realidad de los progresos que no se consumaron, porque a estas tierras llegaron cuando ya la moda empezaba a cambiar. Llegó el tren para llevarse a las gentes lejos de casa y de los campos, y cuando ya no hubo gentes que llevarse, lo que se llevaron fue el tren. Agonizó la vía entre dolores de soledad, y le crecieron ramas, que no ramales, y la sacaron de la ciudad, y la enterraron, como si fuera un presagio. Tenía razón la otra tarde aquel dicharachero, casi verborreico, asturiano, porque ya ni quedan indios en el lejano Oeste, pues no hay tren al que abordar a galope tendido, ni estaciones nos quedarán, a este paso, para padecer despedidas o festejar regresos.

domingo, 20 de julio de 2008
Sine dominica non possumus

De la celebración dominical se nutren los días de la semana con sus nombres y sus noches. Sobre el Altar ponemos los frutos de la tierra y de nuestro trabajo, de la Palabra escuchada sacamos nueva semilla y en la Asamblea de hermanos encontramos la familia que es enviada a la tarea universal de la misión. Es el Domingo como la estrella que más alumbra, que sirve para contar el tiempo y delimitar el espacio, a modo de eje cronológico y geográfico. Domingo de ritmos y cadencias, que con línea imaginaria se une al anterior y al siguiente: el Domingo de Ramos, el de Rioseco, el de las casetas, los del cuarteto, el posterior al MIR, el de Toledo, el del partido contra Italia, el del Naranco... Y este Domingo más escueto y solitario de tanto calor que siendo tan distinto es tan igual, y siendo tan triste es tan alegre. Un Domingo callado y distante, febril y apagado, sin el que tampoco podríamos vivir.
domingo, 13 de julio de 2008
La heroica ciudad dormía la siesta...

De Zamora a Oviedo, Clarín. Y el último viernes, también yo. Nosotros. No conocía esta ciudad, ni siquiera Asturias, pese a que existiera un Félix González, a la sazón mi tatarabuelo, que de allí marchó a segar a Salamanca, y se quedó por estas tierras donde el viento sopla a otras horas y los colores atienden a otro desorden. Si Félix hizo del Campo Charro otra patria querida, por ciudad amada tengo ya también al Oviedo de palacios y magnolios, de tilos e iglesias. Oviedo de Regenta y Catedral, de campanas que tejen el himno a cada hora, de Universidad cuatro veces centenaria, de bellas artes y reyes santos, de mesas bien servidas y mejor regadas. Dormiré la siesta para volver allí en heroica travesía por entre las bandadas de palomas del Parque de San Francisco, botánico pulmón, lago de agua, lagar de sidra. Escanciaré las rampas del Naranco para contemplar Oviedo desde San Miguel y Santa María, mientras brille el sol. Sopesaré historia y leyendas para imaginar corte y monasterio, el trono y el altar en Santullano, mientras llueva. Pasaré bajo los arcos: y miraré a la Cruz en su jubileo de ángeles y victorias; y dejaré un beso a los pies del Salvador, epílogo natural del camino jacobeo; y resonará la Salve regina de los sábados en la Sancta ovetensis; y será domingo de regresos, pero habrá merecido la pena. Para entonces, despertaré de la siesta reconfortado a fuerza de sueños y heroicidades.
martes, 8 de julio de 2008
Los lunes al sol y los martes a la sombra

miércoles, 2 de julio de 2008
Señor mío y Dios mío
(Cofradía de la Stma. Resurrección - Zamora)
Benedicto XVI, en sus hermosísimas catequesis sobre los apóstoles, define las palabras de Tomás que dan nombre no a este día, sino al de su fiesta, mañana día 3, como "la profesión de fe más espléndida del Nuevo Testamento". Cita a San Agustín, cuando expone que Tomás en las llagas reconoció al hombre, pero que esa visión no hubiera sido suficiente para confesar en el llagado al mismo Dios. Y Tomás, que había dicho "vayamos y muramos con Él", va y vive para siempre con Cristo Jesús. Tomás, que había dudado de saber seguirle por no conocer su camino, supo escuchar al que es el Camino, la Verdad y la Vida. Tomás, que dudó, vio y no sólo creyó, sino que afirmó que el Resucitado era su Señor y su Dios. Por esto, aunque heredé otra fecha para celebrar la onomástica, también celebraré mañana esta fiesta de la fe y de la Iglesia, y a quien me felicite, que todos los años recibo felicitaciones en tres o cuatro días distintos, le contestaré con las mismas palabras de felicitación, pues fiesta es para todos, ya desde esta víspera, el recuerdo de un apóstol amante de su Señor, la memoria de un testigo que confiesa a Dios y lo sabe suyo.
martes, 1 de julio de 2008
De sueños, goles y victorias

Suscribirse a:
Entradas (Atom)