
Haberme quedado al fructuso intento de Anselma de ponerle en su sitio la mandíbula a una anciana bostezadora ha terminado de un plumazo con mi riesgo de bostezos post-guardia, así que he optado por desayunarme con ciruelas, rehuir las sábanas y darme un garbeo por
Pequeñas Cosas y
Triviajeros, ¡grandes hallazgos de madrugada! De fondo, la radio, ya huérfana de esos boletines en que no faltaba la coletilla de "nos vamos a Pekín, conectamos con nuestros enviados especiales", y era entonces cuando nos contaban si habían pasado los judokas a los combates por las medallas, si las chicas del hockey seguían dándolo todo o si algún corredor, saltador o lanzador lograba la gesta de una clasificación para la final, que han sido pocos, pues no estaba
El Nido hecho a la medida de nuestros atletas, o eso parece. Al fin y a la postre, España ha obtenido dieciocho medallas (una menos que hace cuatro años) y treinta y seis diplomas (en Atenas fueron quince más). No he seguido estos Juegos tan en directo como los anteriores, un poco po

r la diferencia horaria y un mucho porque ya no soy estudiante, pero entre paciente y paciente en la consulta hubo tiempo para entrar en
marca.com o poner un rato el waterpolo en la tele del Parada del Molino (nos la liaron los serbios, snif). Con todo, varias imágenes y sonidos para atesorar: las paladas vencedoras de los policías nacionales Craviotto y Pérez, las puntuaciones sucesivas de Leire Olaberría, los raquetazos soberbios de Nadal, las estirpes de Tarrasa con sus
sticks sobre la hierba (los Amat suman veinte participaciones olímpicas), el susto en el cuerpo de los americanos cuando Navarro decidió que para tirar bombas ya estaba él. Unos Juegos que han puesto la careta amable a una dictadura triste como la china y como todas. Que han servido el debate acerca de la corona de rey (Usain Bolt, el hombre más rápido de la Tierra, vs. Michael Phelps, el hombre más laureado de la historia olímpica: eso sí, en los 100 mariposa, aunque le pese a alguna que yo me sé, Cavic puso antes la mano aunque la pusi

era mal). Que han establecido el libre intercambio de embarcaciones y/o tripulantes entre la marina croata y la danesa para desgracia de Iker y Xabi, que no son Casillas y Alonso pero son muy buenos; terribles peligros se ciernen sobre nosotros desde el Báltico y el Adriático, ¡ay!, y definitivamente
algo huele a podrido en Dinamarca... ¡y en el COI sobre todo, claro! Unos Juegos que han dejado con ganas de más a colosos como David Cal, Gervasio Deferr, Gómez Noya, Alberto Contador o Marta Domínguez y que han sabido a guinda de gloria para los no menos colosales Barrufet, Llaneras, García Bragado o Almudena Cid. Unos Juegos por amor a Susan, que no se apaga con el fuego del pebetero pekinés ni se desvanece con el arriado de la bandera blanca de los cinco aros, plegada por los marciales soldados chinos a la espera de ser izada en Londres cuando en el verano de 2012, Dios mediante, yo esté comenzando otra nueva etapa y se esté cerrando otro ciclo olímpico. ¡Cómo voy a extrañar estos días esas conexiones "con nuestros enviados especiales"! Es que la Liga... no es lo mismo.